El intercambio diario con quienes compartimos en la comunidad donde vivimos, en el trabajo o en el centro de estudios debe estar basado en el respeto, en la cordialidad y el intercambio adecuado para que existan unas buenas relaciones interpersonales.
La interacción por medio de la comunicación que se desarrolla o se entabla entre una persona y el grupo al cual pertenece resulta fundamental en el fomento de la convivencia social.
Resulta imprescindible respetar el espacio de las demás personas y cuando nos referimos a este aspecto, bien puede citarse el hecho de no molestarlas con una música sumamente alta que moleste en la casa del vecino.
Por estos tiempos es casi moda que algunos individuos suban al máximo el volumen de sus equipos y hagan partícipe de sus gustos musicales a quienes colindan con su vivienda, haciendo caso omiso cuando alguien les llama la atención.
Ese ruido excesivo figura en la lista de la contaminación sonora, pues no solamente se arremete al medio ambiente cuando talamos un árbol o hacemos una fogata, sino también cuando superamos los decibeles que puede aceptar el oído humano sin que sea dañado.
Por lo general, quienes hacen esa bulla, _ la mayoría de las veces con lo que podría llamarse seudo-música_, carecen de las elementales reglas de convivencia social.
Tal comportamiento se ha extendido a los llamados autos parlantes, que generan con sus equipos de audio, tal ruido que ni el mismo chofer puede escuchar lo que sucede a su alrededor cuando circula por las vías.
Además de ser algo de mal gusto, molesta a quienes manejan paralelamente a su vehículo o a los que paran a su lado frente al semáforo, cuando la luz roja lo indica.Valdría esto para llamarles la atención por no conducir con la debida atención y además por ser propagadores de la contaminación sonora por las calles, en detrimento del prójimo.
Es necesario saber respetar a demás las personas y compartir a través de una adecuada comunicación, lo cual demostrará nuestra capacidad para adaptarnos a otros.






