Ni él ni sus hijos ni su mujer habían tenido acceso a un médico para que curara los parasitados vientres que crecían como resultado de las malas condiciones en que vivían. Desnutridos y avejentados antes de tiempo, morían por enfermedades que pudieron ser curables.
En 1960, la Ley 723 del Servicio Médico Rural Social estableció que la asistencia sanitaria llegara a las alejadas montañas y zonas rurales, donde en humildes bohíos numerosas personas nunca habían tenido acceso a una consulta médica.
Tanto Fello como muchos otros guajiros, agradecieron que el nuevo proyecto social cubano se preocupara por enviar a esos alejados lugares a profesionales que contribuyeran a elevar la expectativa de vida, entonces de 54 años, y trabajaran en pos de disminuir los más de 60 fallecidos por cada mil nacimientos.
Lo que había denunciado el líder revolucionario Fidel Castro en su alegato La Historia me Absolverá, acerca de las precarias condiciones de salud que prevalecían entre los más humildes, tenía respuesta favorable con la referida medida.
Hubo que multiplicar esfuerzos, ya que de seis mil médicos que había cuando triunfó la Revolución en Cuba, la mitad marchó a Estados Unidos, porque no compartían las ideas de justicia social y solo pensaban en las ganancias personales que recibían al ejercer la medicina.
La esencia de esa profesión en la Isla desde 1959 pasó de carácter privado, lucrativo y mutualista, hacia un enfoque humanista. En la capital, antes del triunfo revolucionario, estaba concentrado el 65 por ciento de los médicos.
Los estudiantes que se graduaron a partir de la victoria popular comenzaron a cumplir el servicio médico rural, y las montañas y los campos contaron con galenos cercanos por primera vez en sus precarias y difíciles vidas.
Solamente existía la escuela de Medicina de la Universidad de La Habana. Paso importante fue la creación de otras instituciones similares en Santiago de Cuba, luego en Villa Clara y así sucesivamente hasta sumar actualmente cuatro Institutos Superiores de Medicina, 23 Facultades, una Escuela Latinoamericana de Medicina y mucho más de 100 policlínicos y centros de la salud, además de decenas de hospitales.
Ya no es solo Fello quien puede dar fe de los beneficios de la medicina en Cuba. La solidaridad en la asistencia de salud a otros países es logro de hace muchos años, fortalecido aún más con los programas promovidos por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América.
Mediante esa vía numerosas naciones de la región cuentan hoy con miles de profesionales cubanos de la salud, que con su quehacer humanista van mitigando el dolor y la precariedad que dejaron tantos años de explotación en esas naciones, las cuales renacen con nuevos proyectos sociales más justos y equitativos.













