Así, por ejemplo, tenemos la palabra guagua. Para los chilenos, es simplemente un niño. Pero... en Cuba, homologa al ómnibus. Entendidos aseguran que tal voz llegó a la Isla por medio de la migración canaria.
Los isleños, a raíz de la circulación de los primeros autobuses por esos lares, fueron capaces de sintetizar el sonido del claxon de los vehículos (guá... guá) e inventar la palabra guagua en valedero empeño onomatopéyico.
Pero ya que abordé la onomatopeya como remedo idiomático, los cubanos tampoco marchamos a la zaga, al parecer, por esa química heredada y almacenada de una generación a otra en nuestro código genético que va desde las Evas africanas hasta los Adanes peninsulares.
Detenerse en la contemplación de cualquier intercambio callejero es como presenciar una obra teatral para la cual no se requiere de libreto. Dos cubanos se encuentran:
--¿Qué bolero?, saluda la persona a un amigo.
--Ná, lo mismo con lo mismo, riposta el aludido.
--¿Y por el gao?
--Todo bajo control, suave...
--¿Viste el choque del otro día? Fíjate, el carro iba contrario y al llegar a la esquina... púmbata... fuácata... pa\'qué contarte...
De moda por estos tiempos figura el término puro (cigarro, habano, breva, chicote...) pero que en el lenguaje de la calle sirve para designar a las personas que peinamos canas.
Las cualidades de un objeto se sintetizan en la expresión: ¡Está sopla'o! Si se tratase de una motocicleta, ciclo u otro vehículo, para elogiar sus cualidades, se sintetiza en el término: ¡Está alterada!
Desde luego, he citado apenas algunos términos citadinos de moda, pues la relación sería interminable. Lean algunos más por mera curiosidad: El cubano no vive en una casa, sino en el "gao".
Si tiene hambre, está "partí\'o"... Si de cerveza se trata, no bebe en el vaso, sino en el "tanque".
Existe otra manera de comunicarnos entre los cubanos: la gestualidad. Así, por ejemplo, alguien que desee expresarle el tamaño de un objeto, extiende los brazos horizontalmente de un lado a otro del cuerpo. Si se trata de indicar que la dirección que usted busca está distante, simplemente se extienden las manos hacia el rumbo indicado.
Por lo general tales gestos van acompañados de expresiones casi guturales, entre las que sobresalen: ¡Ñooooooo!, ¡Uffffffffffffff!, ¡Ahhhhhhhh!... y otra gama por el estilo.
No puede obviarse que los decibeles en el tono de la conversación, o la intensidad de la fuerza gestual, siempre guardarán relación directa con la intencionalidad del asunto de que se trate: ya sea un partido de béisbol o la confidencia entre amigos.
En su libro Crónica de una muerte anunciada, el colombiano Gabriel García Márquez, refleja con genialidad inusitada el esfuerzo que debe realizar cualquiera no nacido en estas tierras para comprender el significado de las jerigonzas autóctonas.




