La magia echó a andar en el 2006 cuando la Dirección del Partido Comunista de Cuba y la Asamblea provincial del Poder Popular concibieron una estrategia transformadora de lo material e inmaterial y así sumaron al pueblo a transformar instalaciones, unas nuevas, otras revitalizadas.
Lo físico, arquitectónico, generó bellezas, entornos de complacencia, servicios, satisfacciones y creció el espíritu, la economía comercial y el amor por lo propio.
Guantánamo es igual, pero es distinta. Sus gentes son las mismas, herederas de quienes a orillas del río Guaso fundaron la ciudad el primero de diciembre de 1870 en la hacienda Santa Catalina de Ricis, pero pasó el tiempo, con sus otoños y primaveras, y este último florido cuatrienio.
El trimestre final del 2006 trajo, para potenciar sueños locales, un presupuesto especial del Estado de 5,3 millones de CUC, ayuda a los proyectos inversionistas dirigidos a elevar la calidad de vida de los guantanameros. El siguiente año la cifra creció hasta 14,3 los millones y…
Guantánamo invirtió, construyó, transformó… y cuenta, desde la obra inicial hasta la última inaugurada, la vistosa cafetería El Rápidito, donde la autopista entra o sale (según se viaje) de la ciudad, con más de 720 instalaciones terminadas que favorecen lo sectores del comercio, educación, salud, cultura, comunales, transporte, industria alimentaria..
El Rapidito, es el balcón para una primera vista a la ciudad, la cual muestra al visitante su energía transformadora con la rotonda de acceso a la urbe más oriental de Cuba, la avanzada ejecución de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) y el reparto Caribe, primera gran obra inmobiliaria de la Revolución en Guantánamo y zona de asentamiento de los principales centros educacionales y de la Salud.
Quien traspasa el umbral encuentra una ciudad distinta, pero para el lugareño la colosal metamorfosis es cosa del día a día, apenas apreciable hasta que amanece cierto día despierto y al llegar a una esquina, Pedro A. Pérez y Crombet, por ejemplo, “descubre” macetas de su estaturas y elegantes lámparas que dividen logitudinalmente la calle para seguir con su luz el rítmico movimiento de las caderas guantanameras.
Y entonces, repentinamente sorprendido, reconoce como cambia la ciudad y repara en el entorno cerrado al tráfico automotor, con cafeterías, heladería, comercios, ludoteca, pizzerías, bares, parque libre al juego infantil, cultura… y se da cuenta que las carretillas siguen y vienen, que dos hoteles se reconstruyen en el mismo centro capitalino donde se inserta el boulevard.
Pero el embrujo es mayor y lo vuelve a sumir en el halo hipnótico para otra mañana “despertar y descubrir” que desapareció de un sitio el polvo y la arena y en su lugar nació el cabaret Bayatiquirí, una calle asfaltada, o el nuevo policlínico cuya ejecución no detienen ni la crisis económica global.
La magia se cuece en la gran caldera de la revolución social cubana, con ingredientes de alta caloría y voluntad política que involucra a todos al influjo de la permanente primavera constructiva que por Guantánamo llaman Programa del Desarrollo Local











