¿Y luego…?
“Apenas estaba en el primer año de la residencia cuando se organizan varios grupos con el propósito de hacer pesquisajes activos para detectar diferentes patologías como perigios, cataratas, retinopatías y otras de la especialidad en países latinoamericanos, donde Cuba ya tenía convenios de salud.
“La experiencia ya había tenido sus antecedentes en Pinar del Río, provincia más occidental de nuestro país, también en algunas comunidades venezolanas, de ahí que se decida hacerla extensiva. Esto facilitaba un poco la labor de los especialistas cubanos y ayudaba a orientar al paciente que en la mayoría de los casos nunca habían acudido al médico.
“Cuando me seleccionan en uno de los grupos la idea me agradó mucho, sabía que sería interesante llegar a ese país hermano donde habían tantas personas necesitadas aguardando por nuestra colaboración, pero que además, me aportaría muchísimo profesionalmente”.
¿Cómo se concretó la misión?
“La primera vez me enviaron a Venezuela, al Estado de Miranda, en una comunidad bien distante de la capital del estado. Era un lugar pequeño, por eso fuimos solo cinco. Allí nos recibieron los demás colegas cubanos, quienes nos orientaron sobre las características del lugar, las medidas de seguridad y todo sobre la vida de ese país, todo lo cual ayudó a mucho. Yo sentí un poco de temor al inicio, eso debo confesarlo, pero poco a poco fui tomando confianza.
¿Y las experiencias del trabajo que realizaste?
Salíamos bien temprano cada mañana, siempre nos acompañaba una enfermera y un miembro activo de la comunidad o un trabajador social venezolano. Trabajábamos a veces hasta diez horas y atendíamos de ochenta a cien pacientes según la densidad poblacional.
Las personas nos recibían bien, lo que hacíamos no era lo usual pero el hecho de que eran los especialistas cubanos ya les trasmitía tranquilidad. Allí los examinábamos y hacíamos el diagnóstico, así les explicábamos que debían hacer, si acudir al CDI o si tenía que operarse para lo que estaba ya diseñada la Operación Milagro, que garantizaba todo el proceso gratuito, a diferencia las otras vías que eran supercostosas.
Era sorprendente como encontrábamos casos muy tristes porque le habían hecho supuestos diagnósticos en centros particulares, para algunos inaccesibles, y eso era traumático para ellos, porque la visión es algo muy grande en el ser humano. Al final cuando lo evaluábamos realmente no se correspondía, era una cuestión de sacarles el poco dinero que tenían y eso es una crueldad.
¿Valió la pena el tiempo que consagraste a esa labor?
Debo contarte que yo regresé más adelante en una rotación ya quirúrgica y también sentí una gran satisfacción, no solo por lo que me aportó en el plano profesional sino porque me dio la oportunidad de ayudar a tantas personas necesitadas y eso es muy lindo y gratificante.
Creo que ahora que ya llevo algún tiempito de graduada y gano cada vez más en conocimientos, amo más mi profesión y creo que volvería con gusto a ayudar a tantos hermanos venezolanos y otros que así lo dispongan en cualquier parte del mundo.













