Es en la Primera de nuestras villas, la hermosa Baracoa, desde donde parte la multicolor caravana, que tienen como primera prueba de fuego, es decir de ascenso, la escalada del viaducto la Farola, otra de nuestras singularidades y obra considerada maravilla de la ingeniería civil cubana.
En poblados de los municipios Imías, San Antonio del Sur y la ciudad de Guantánamo, niños, jóvenes
y adultos, se acerca a la vía para decirles adiós a los ciclistas, que tienen como meta de su primera etapa, al céntrico parque José Martí.
Es precisamente en este escenario del parque y sus calles aledañas, en que la multitud se concentra para felicitar, conversar, tirarse fotos con los punteros, sean del patio o foráneos. Pareciera que en esos instantes las actividades se detienen, y es que nada es más importante para los guantanameros que ver la llegada de los bicicleteros.
Así ocurre al siguiente día, cuando en la mañana, el pelotón se despide del Alto Oriente, rumbo a la hermana provincia de Santiago. Esta edición es la XXXV de la vuelta a Cuba, un evento que en Guantánamo, como en toda Cuba, tiene un arraigo especial. Ahora parto pedaleando para ver si alcanzo a Piki, mi colega de Trabajadores, que con su bicicleta, ya me lleva un tramo desde la arrancada.













