Guantánamo.- Apenas un mes después del triunfo insurreccional contra la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, realiza su primera visita a Guantánamo en medio de un apoteósico recibimiento. Fue el 3 de febrero de 1959.
Miles de guantanameros acudieron a recibirlo al aeropuerto Los Caños (hoy Mariana Grajales), dirigiéndose hasta allí en camiones, autos, motos, tractores, bicicletas y hasta en caballos, y luego de una larga espera de tres horas, Fidel llegaba y aquello se convirtió en un volcán de júbilo popular.En forma de caravana, como si lo estuvieran escoltando, los guantanameros acompañaron a Fidel en su trayecto hacia la ciudad, y al entrar se detiene en el Casino Español (hoy Casa de la Cultura) donde sostiene un breve intercambio con parte de la población y luego continúa hacia el Parque 24 de Febrero, donde lo esperaba un mar de pueblo para reafirmar su apoyo irrestricto al proceso humanista y renovador que había comenzado en Cuba.
En su diálogo con las masas en aquella histórica jornada, Fidel deja conocer su preocupación por el territorio guantanamero que ocupa ilegalmente la base naval norteamericana: “Un puñal clavado en el corazón de Cuba”, y se refirió a la puesta en marcha del programa de distribución de tierras a los campesinos y la entrega de aperos de labranza y otros recursos para iniciar el necesario cultivo de la tierra improductiva.
El líder revolucionario se refirió al programa de inmediata aplicación por el Gobierno, que incluía la lucha contra la miseria, el desempleo, las enfermedades, analfabetismo, contra los latifundistas, por el desarrollo industrial, la cultura, el bienestar y la salud del pueblo, y afirmó que estos se harían realidad pese a la oposición de los enemigos internos y externos de la naciente Revolución Cubana.Fidel enfatizó en la importancia de la participación de todo el pueblo en la defensa de la Patria, y llamó a generalizar el conocimiento del uso de las armas: “A la contrarrevolución no podemos dejarla que triunfe. Tenemos que atrincherarnos y pelear aquí hasta el último hombre y hasta la última bala; por lo tanto, la Revolución hay que hacerla”.
Una vez finalizada la fiesta popular en el Parque 24 de febrero, los guantanameros, que tan importante aporte realizaron en la lucha insurreccional contra el tirano Fulgencio Batista, aseguraron a Fidel que estas tierras mantendrían invictas las banderas de lucha y de combate heredadas desde la época de los mambises, compromiso que medio siglo después se mantiene más firme que en Guantánamo.













