El coleccionista quedó cautivado ante el tierno romance. Suavemente aquél se posó sobre su hembra, se fundió con ella y en un arrebato amoroso alzó el vuelo arrastrándola en un viaje que no permitió apreciar el final de la cópula.
Mayo y junio es la época reproductiva de los atractivos lepidópteros, -repasa Claudio Brown Jacobo, el coleccionista de esta historia.
Tras el cortejo y apareamiento la hembra es fecundada y más tarde pone sus huevos en la vegetación predilecta, de donde tiempo después nacen orugas, insaciables devoradoras de cultivos que, arropadas luego en hilos de seda, forman la crisálida, incubadora natural donde se obra la increíble metamorfosis del repugnante gusano en cautivante mariposa.
“Son bellas”, balbucea para sí, y rompe su reflexivo silencio el biólogo, experto taxidermista y coleccionista de lepidópteros diurnos en horas de asueto con fines científicos y de inventario de las especies que pueblan la provincia.
La Phoebis Avellaneda es una de las que “pueblan” las cajas entomológicas del especialista. El ejemplar fue designado así por el naturalista alemán Juan Cristóbal Gundlach (Marburg 1810, La Habana 1896), quien dedicó tan delicada criatura a María Gertrudis de los Dolores Gómez de Avellaneda y Arteaga, escritora, cubana y una de las más subyugantes personalidades femeninas del siglo XIX.
“Yo no sabría decir –confiesa Brown- que es más bello y delicado, si la flor donde se posa o la mariposa que la poliniza, porque, independientemente de los efectos negativos que el insecto ocasiona a los cultivos en su fase larvaria, de adulto ayuda a la fecundación vegetal. Son simplemente maravillosos por la diversidad de sus formas, tamaños y colores.”.
Examina las cajas entomológicas que atesora en su hogar y comenta que desde 1983 anda tras las magníficas criaturas, de las cuales ya atesora 108 especies de las 135 oriundas de Guantánamo, provincia con alta representación de las alrededor de 195 variedades reportadas en la Isla.
“El trabajo de campo me ha obligado a internarme hasta 20 días en montes de todos los municipios, en un inventario que data de 1980 y me ha llevado a sitios tan lejanos, boscosos y ocasionalmente agrestes como Punta de Maisí, las serranías del Ave María, Monte Ruz, Madre Vieja de Yateras, Caimanera… y el Parque Nacional Alejandro de Humboldt…”.
Sus estudios evalúan cultivos que atacan en la fase larvaria esos invertebrados, susceptibilidad a agentes químicos, hábitat y otros tópicos que contribuyan a proteger tanto la economía agrícola como a estos delicados insectos que forman parte del medio ambiente que debemos defender.
Incansable con el tema, Claudio menciona características, especies, sub especies... y exhibe como gran trofeo a la rarísima Anelia briareo. “Estuve cerca de cuatro años buscándola hasta que un buen día la capturé en Monte Ruz”, comenta y admira al insecto de color pardo con vetas negruzcas.
Otra: “Euritides celadon, invalorable, insecto muy rápido y bellísimo. No da tiempo a nada, apenas se posa en la flor, pasa rapidísimo por ella Tiene colores brillantes. Capturé dos, una en el Alto de Costa Rica; la segunda, raramente de noche, en Hatibonico.
“Y un hallazgo: la localización en las costas de Imías y Maisí de la Hipolimnas misippus, la cual se supone vino del África y fue reportada anteriormente por última vez –según mis estudios- en el año 1934, en la provincia de Santiago de Cuba.
“Suman más de mil mis capturas, siempre solo, con sumo cuidado, porque la mariposa es muy delicada, presenta una escamilla que le proporciona el color y si se daña pierde el atractivo y criterio de clasificación, por tanto hay que usar jamos especiales, que no la estropee.
El trabajo no es solo capturarla, hay que ser meticuloso en su traslado, prensado durante dos o tres días, y solo cuando está bien seca se conserva y exhibe en la caja entomológica, receptáculo tratado con naftaleno, producto hidrostático que aleja insectos nocivos
“Las mariposas –añade- tienen gran poder mimético que les permite escapar de los depredadores; pueden confundirse con la vegetación, pero de quien no escapan es del hombre, inmisericorde exterminador mediante productos químicos en la agricultura.
“Existen mariposas diurnas y nocturnas –explica-, las primeras son las que estudio y pertenecen al grupo de las heteroceras, las otras son rhopaloceras. Muchas se alimentan del néctar de flores y algunos jugos de frutas maduras, como mango, guayaba o ciruela y sacian la sed con el agua del rocío o la humedad de los pantanos y nunca tienen relaciones con individuos de otras especies”.
Con el mensaje de fidelidad Claudio cerró la instructiva entrevista, toda una invitación a cuidar y proteger estas aladas y policromas joyas de la naturaleza.













