En este territorio viven también hijos de la tierra de François Dominique Toussaint-Louverture, el político y militar más importante entre los dirigentes de la revolución haitiana, a quien se le adjudica el legado de haber sentado las bases para la erradicación definitiva de la esclavitud en Haití y posteriormente, a consecuencia de ello, en el mundo.
Desde siempre ha sido una opción para los haitianos emigrar de la pobreza de su nación, la primera en librarse del yugo colonial en América, hacia Cuba y otros países del mundo, incluyendo el mal llamado paraíso terrenal, Estados Unidos de Norteamérica.
A siglos de decretarse en el planeta la igualdad racial, es allí precisamente donde florecen las más actualizadas corrientes racistas, chovinistas, neofascistas… demostrado a gritos cuando los sucesos del Huracán Katrina, que asoló a Nueva Orleans en 2005.
Katrina produjo grandes destrozos no solo en Nueva Orleans, sino también en Florida, Bahamas, Louisiana y Misisipi, causando la muerte de 1836 personas y daños superiores a los 75 mil millones de dólares en ese país.
Aún los negros de Nueva Orleans esperan respuestas del Gobierno norteamericano para muchas de sus demandas, producidas a tenor con el paso del tenebroso fenómeno atmosférico.
Sin embargo los soldados estaunidenses mantienen su presencia militar en Irak, Afganistán, Colombia, y en otros países y ahora, utilizando la desgracia del pueblo haitiano, en nombre de la ayuda solidaria, comienzan a llenar ese país de efectivos de su bien entrenado y pagado ejército.
Cuando Venezuela, Cuba, Chile, México, España, entre otras naciones llegaban para asistir a la sufrida población haitiana con personal y útiles, para salvar vidas, para remover los escombros y rescatar a las víctimas, sobrevivientes o cadáveres, del terremoto de 7 coma 3, que ayer replicó con más de 6 grados en la escala de Richter, los norteamericanos desembarcaban tropas y medios de guerra controlando la entrada de la ayuda humanitaria para los damnificados.
A diez días de los más trágicos sucesos que afectaron a la nación más pobre del mundo en toda su historia, y el flagelo de la pobreza permanente es trágico, la situación se pone aun más tensa: la escasez de alimentos, agua, medicamentos y equipos médicos, independientemente de los movimientos de socorro de diferentes países que han contribuido a solventar la situación, será cada vez indetenible.
Los guantanameros ven de cerca, consternados los acontecimientos, listos para ayudar en lo que se requiera, como todos los cubanos, preparados para cualquier situación por difícil que sea, lamentando como propio el dolor de hermanos como los haitianos que hoy soportan la penumbra cuando no les llega la luz del universo.











