
Horas después de conocerse la tragedia se movilizó inmediatamente un contingente de médicos para apoyar las labores de salvar vidas humanas en Haití, aunque se adoptan medidas para enviar más especialistas, en caso de que existan condiciones mínimas para desempeñar su noble misión.
De igual manera el gobierno cubano envió medicamentos, y otros avituallamientos, para socorrer a las víctimas del desastre que se cuentan por decenas de miles y que, entre el caos y la incertidumbre, permanecen en las calles de Puerto Príncipe, la capital de Haití, y el lugar más afectado por el sismo de 7,3 grados.
Cuba sobrevivió, en los primeros y difíciles años de la Revolución, gracias al internacionalismo, en especial de la desaparecida Unión Soviética, y desde ese entonces nuestro pueblo tiende la mano solidaria a todos aquellos que ha pueda ayudar desinteresadamente.
Es por eso que se explica que miles de profesionales de la salud brinden su apoyo en lo lugares más intrincados de países latinoamericanos y africanos, así como de que en nuestro país estudien, igualmente, decenas de miles de jóvenes de esos y otros países para formar el necesario capital humano, y poder atender a la población necesitada de sus respectivas naciones.
Aunque algunos no comprenden, ni valoran la magnitud de ese gesto altruista del pueblo cubano, los resultados que distinguen los programas son bien elocuentes de la necesidad de los mismos. Bastaría mencionar las decenas de miles de personas que han recobrado la visión con la operación Milagro.
Independientemente a las serias dificultades económicas por los que atraviesa el archipiélago, que solamente podrán ser superadas con el trabajo colectivo y eficiente, la vocación internacionalista del pueblo cubano proseguirá como expresión genuina de saldar nuestra deuda con la humanidad, y seguir adelante.
Otro capítulo de esa noble, generosa y humanitaria labor la desarrollan los especialistas de la salud cubanos que luchan en Haití por devolverles la vida a personas afectadas por el terrible terremoto que devastó a la nación caribeña, donde los médicos cubanos escriben su propia historia de amor por la humanidad.













