Mella desde muy joven se inclinó hacia las corrientes sociales más progresistas de la época; lector y estudiante acucioso, y cuando ingresa en la Universidad de La Habana en 1921 para aspirar a los títulos de Doctor en Derecho Civil y en Filosofía y Letras, llega a su primer escenario de luchas sociales.
Muy pronto comienza a destacarse y en 1922, al frente de la Secretaría del Directorio de la Federación de Estudiantes de la Universidad (FEU), es designado para administrar y redactar los temas ideológicos de la revista universitaria Alma Mater, de la cual fue su máximo inspirador.
Su inteligencia le permite abordar temas tales como la necesidad imperiosa de cambiar la enseñanza y la propia Universidad, y escribía: “Enseñar conocimientos aprendidos en viejos libros es cosa fácil. Lo difícil es la obra del maestro, aquel que forma el carácter del alumno y por tanto el que moldea, como artista hábil, el futuro de la sociedad en su aula: taller de obrero excelso. Es un sacerdote aquel que nos enseñó junto a la ciencia en la Universidad, la verdad de la vida”.
Su inteligencia y valor le hacen ganar prestigio y el apoyo en los debates internos que caracterizaron la lucha universitaria contra la corrupción, la petición de nuevos estatutos y la huelga estudiantil. En 1923 resulta electo Presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios.
Su pensamiento de avanzada se iba formando y radicalizando, y más allá de su lucha por la enseñanza científica y la creación de la Universidad Popular José Martí, Mella comprendió que era necesario el surgimiento y triunfo de una revolución social para hacer una verdadera revolución universitaria, adelantándose así a las ideas de su época.
Fuera de los ámbitos universitarios, el preclaro dirigente estudiantil cubano encuentra nuevos escenarios de lucha, y así es fundador del primer Partido Marxista Leninista de Cuba, preside la Federación Anticlerical que enfrenta a la jerarquía eclesiástica; colabora con el Movimiento de Veteranos y Patriotas, y es fundador de la Sección Cubana de la Liga Antiimperialista de Las Américas.
Su accionar revolucionario lo convierte en una verdadera amenaza para el dictador Machado, quien lo envía al presidio, pero el recio espíritu de Mella lo lleva nuevamente al triunfo tras una huelga de hambre. Una vez en libertad condicional decide tomar el camino del exilio, pues su vida corría serio peligro.
Tras pasar brevemente por Panamá, Honduras y Guatemala, Mella se asienta definitivamente en México, tierra donde hace sentir su condición de militante revolucionario: Fue Secretario General del Partido Comunista mexicano y fundó la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos y el periódico Cuba Libre.
Además allí fue el principal animador de la Liga Antiimperialista de Las Américas, y se aprestó para retornar al país con una expedición y reforzar las luchas sociales hasta el derrocamiento de Machado, una verdadera aspiración de las masas, por lo que el dictador, conocido como “El asno con garras”, decidió eliminar definitivamente al joven revolucionario.













