Guantánamo.- El pueblo de Cuba nunca podrá olvidar el extraordinario júbilo popular cuando el recorrido por la isla de la Caravana de la Libertad, una vez conquistada la victoria del Ejército Rebelde contra la sanguinaria dictadura Batistiana.
La inmensa mayoría de los cubanos que tuvieron el privilegio de saludar el paso de la caravana de los barbudos, a cuyo frente iba el Comandante Fidel Castro, no se percató de que solo no era la justificada alegría y entusiasmo por el encuentro con los legendarios veteranos del Moncada, del Granma y de la Sierra Maestra, sino que, tal y como lo aclaró el máximo líder de la Revolución, fueron momentos excepcionales para hablarle al pueblo sobre el futuro inmediato de la nación.
En sus intervenciones a lo largo del recorrido, Fidel subrayó que la Revolución no llegaba a su fin con la victoria insurreccional, “porque en la paz nos queda mucho por luchar”. Insistía en que desde el mismo primero de enero había comenzado una nueva batalla, y que no se trataba de una tarea fácil, sino una empresa dura y llena de peligros, sobre todo en la etapa inicial.
En Sancti Spíritu le advirtió a la población que no era momento de dormir en los laureles, porque había muchos intereses creados y que toda obra justa encontraría resistencia: “El enemigo está agazapado, en fuga, pero con cuantiosos recursos económicos tratará de poner en nuestro camino todos los obstáculos; se asociará a los enemigos de Cuba que pueda encontrar y estaremos en la obligación de mantenernos siempre alertas, siempre en guardia”. Alertó con tremenda clarividencia la posibilidad de que se produjeran amenazas y hasta agresiones extranjeras.
Fidel llamaba a reflexionar sobre las causas que motivaron a hacer la Revolución y criticó ambiciones de riquezas y poder, mostrando el camino del sacrificio, de la disposición de darlo todo a cambio de nada en beneficio del destino de la Patria. Señaló que las armas más poderosas contra la ambición y la corrupción son la honestidad y el sacrificio.
Quizás por el júbilo y la inmensa alegría por el triunfo, o por no estar acostumbrados a oír expresiones de esa naturaleza, muchos cubanos no se percataron de que Fidel expresaba conceptos novedosos tales como que el poder pasaría a manos del pueblo u otros como entregar las armas a los humildes: “No habría libertad segura, no habría derecho seguro, no habría esperanza alguna, si no se garantiza la fuerza armada del pueblo”, ideas que se materializaron durante el trayecto de la Revolución.
Así, de esta manera, el líder de la Generación del Centenario, durante sus encuentros con la población, compartía la felicidad de saberse libres y a la vez daba a conocer las tareas que de inmediato acometerían a lo largo de todo el país: Un programa de alfabetización, atención a los campesinos, la Reforma Agraria y de la enseñanza educacional, la erradicación del desempleo, desarrollo de la salud Pública y la eliminación de muchos otros males sociales que afectaban a las masas desposeídas.
Al llegar a La Habana el 8 de enero, se le tributó al Ejército Rebelde un multitudinario recibimiento popular sin paralelo hasta el día de hoy, y en ese escenario patriótico Fidel continuó sembrando ideas y formuló el compromiso de que “jamás defraudaremos a nuestro pueblo”, algo que ha cumplido a través de medio siglo de luchas.













