Igual proceder manifiestan en lugares públicos a los cuales acuden para divertirse y con la mayor
despreocupación dejan botellas, jabas con comida y cajas vacías que afectan el medio ambiente y ensucian el entorno.
Ese segmento de la sociedad, que no cumple con los requisitos de la convivencia adecuada, es el que arremete contra las paradas de las guaguas o los bancos y luminarias de los parques y los destruyen, sin pensar que son bienes de beneficio social.
También manifiestan su mala conducta al abordar el ómnibus y violar el derecho de quienes marcaron primero en la cola. En el afán de subir primero no reparan en el cuidado del vehículo, una propiedad social al servicio de todos.
Casos similares y aun peores ocurren en horas de la noche, cuando esos elementos antisociales ofenden a los pasajeros y al chofer de la guagua, algo inadmisible en una sociedad que no escatima esfuerzos en la educación y la cultura de sus habitantes.
Resulta inadmisible el irrespeto hacia las personas mayores, de las cuales debemos aprender porque resultan los comunicadores esenciales de valores culturales y personales no sólo de generaciones de adultos, sino también de jóvenes y niños.
A las malas conductas hay que ponerles coto, no solo en este comienzo de año, sino cada día, para que esos árboles torcidos enderecen sus ramas y no empañen los esfuerzos del Estado por ofrecer una mejor calidad de vida a la población cubana.











