Esta acción victoriosa representó el fin de la campaña de Camilo en este territorio, pues por orden del Comandante en Jefe Fidel Castro, se prepara para continuar la gesta invasora hacia el occidente.
La toma de esta guarnición representó la realización de un importante objetivo táctico que complementaría otras acciones como fue la liberación de los poblados de Fomento, Mayajigua y Meneses, y contribuyó en gran medida a que el Comandante Ernesto Che Guevara pudiera vencer al regimiento de Santa Clara, capital de esa provincia.
El día 22 de diciembre las tropas rebeldes, integradas por unos 250 hombres armados con escopetas y otras armas de pequeño calibre, apoyados por campesinos, se ubican alrededor de Yaguajay,
donde había unos de 350 oficiales y soldados con fusiles automáticos y semiautomáticos, ametralladoras de calibre 30 y otras armas pesadas.
El mando enemigo distribuye sus fuerzas en las siguientes instalaciones: el ayuntamiento, un edificio de dos plantas de mampostería; la estación de Policía; el hotel y la planta eléctrica (así garantizaban que no faltara la energía), unos grupos de avanzadas y el cuartel, situado en las afueras del poblado.
Camilo, luego de estudiar el escenario, decidió tomar primero todas las posiciones ubicadas dentro del pueblo y atacar después al cuartel. En horas de la noche del 22 de diciembre comienzan a tirotear las edificaciones con el propósito de no dejar descansar a los soldados. Dos días después se rendían en todas las instalaciones y Yaguajay quedó libre. Comenzó el cerco al cuartel.
Esta guarnición estaba situada en una explanada y a su alrededor había unos 200 metros sin construcción o vegetación alguna que permitiera acercársele. Al frente del cuartel estaba el capitán Wong Le, pues el comandante jefe del escuadrón, al conocer la cercanía de las fuerzas rebeldes, alegó estar enfermo y abandonó su puesto.
El día 24 de diciembre Wong Le pidió una tregua y planteó que se le permitiera retirarse de la plaza con todos sus hombres y armamentos. Camilo le dijo que a él no le interesaba la edifición y que Yaguajay ya estaba bajo su poder, que les permitía retirarse si dejaban el armamento. El oficial batistiano se negó. El combate continuó hasta el propio día 31.
Los soldados del régimen carecían de agua y alimentos y resultaba insoportable el hedor de los cadáveres, el excremento, sangre y sudor y estaban dispuestos a rendirse, pero Wong Le y otros oficiales esperaban refuerzos. De todas formas en horas de la tarde del 31 pidió una tregua y solicitó sacar a los heridos, pero Camilo le respondió que si no se rendía incondicionalmente utilizarían cañones y morteros para destruir el cuartel. Luego de algunos minutos de reflexión Wong Le aceptó deponer las armas.
Con esa importante victoria los rebeldes se apoderaron de cientos de fusiles, armas pesadas y municiones, que les servirían para enfrentar el reto que representaba marchar hacia la capital del país. El triunfo revolucionario era cuestión de horas.













