Guantánamo.- Milagros de la Caridad llora. Maidorkis ríe. Hija y madre. La pequeña, apenas con 48 horas de nacida acentúa entre chillidos su presencia en este mundo. La señora gime de alegría, de satisfacción por ver materializado el sueño de golpe y porrazo convertido en pesadilla.
Fue el 16 de octubre... tardíamente, cuando sin poder más con sus pulmones, acudió al centro hospitalario: llevaba tres días desdeñando su gripe, ignorante, como muchos, del acecho de la influenza A H1N1, la cual anidaba en sus alvéolos.
Maidolkis Valir Creyón, llegó al cuerpo de guardia del hospital general Doctor Agostinho Neto ahogada por la tos, con secreciones nasales, fiebre e insuficiencia respiratoria elevada al estadío de fallo, agravado por el colapso del sistema renal.
Para hacer más tétrico el cuadro, hongos y microbios atacaban su organismo y resistían el embate antibiótico. La muerte llamaba a su puerta.
Día y noche, durante poco más de un mes en la terapia intensiva unieron fuerzas, voluntades, y ciencia los trabajadores de la salud: especialistas, técnicos, enfermeros... para combatir contra la muerte que rondaba a la gestante de 30 semanas, y hacerlo sin descuidar la evolución de la vida palpitante dentro del útero.
Una cicatriz en la garganta marca la traqueotomía por donde se ventilaban los pulmones de la enferma, pero muchas cosas no las recuerda hoy por los largos períodos de inconciencia; otras les son amargas: imprescindibles procederes invasivos, miedo a morir, y otras reconfortantes: la incansable actividad medica que le insuflaba esperanza y confianza en la supervivencia.
En la 34 semana estaba fuera de peligro: “alta” de la terapia intensiva, pero reinstalada en la Sala de Perinatología, donde se le siguieron estudios específicos por la expectativa creada en los círculos médicos: una embarazada con H1N1, impactada por cuantas complicaciones fueron posibles y cuyo feto, por consiguiente, al decir médico “sufrió muchas injurias”.
Explica la doctora Karen Sánchez Gilbert, especialista en Ginecobstetricia que el seguimiento médico intrahospitalario incluyó pruebas de bienestar fetal, ultrasonidos, evaluaciones del líquido amniótico para comprobar entre otros parámetros la biométrica fetal, madurez placentaria... todo lo cual fue normal. A las 39 semanas parió y hoy la bebé se observa y estudia en el servicio de neonatología.![]()
La doctora Yadira Blanco Laborí, neonatóloga, asegura que la niña al cumplir sus primeras 48 horas de vida mantiene parámetros normales de salud y vitalidad, aunque se mantiene en observación sin tratamiento para evaluar la posible repercusión en ella del proceso infeccioso vivido por la madre, y de los procederes médicos empleados: radiaciones, antibióticos, ventilación...
Las preocupaciones, hasta ahora, solo son eso, porque como afirma la doctora Sánchez Gilbert, también vicedirectora de Ginecobstetricia en el Agostinho Neto, el parto fue más normal de lo esperado: fisiológico, sin complicaciones de ninguna índole, tras el cual la madre evoluciona satisfactoriamente en la Sala de Parpuerio.
Aunque separadas por la observación preventiva de su neonato. Maidorkis hace constante visitas a la pequeña de dos mil 600 gramos al nacer, quien grita como suscribiendo que es hija de mamá y de estos trabajadores de la Salud y de la Revolución que salvando vidas celebra su aniversario 51.
Milagros de la Caridad llora, los demás ríen complacidos del nuevo éxito médico cubano contra la influenza.











