
Estas cualidades se perfilan a través de sus estudios preuniversitarios, hasta que en 1917, ya en la Universidad de La Habana, comienza a profundizar en la realidad cubana: las pugnas políticas, la corrupción, la injerencia extranjera, los Gobiernos dóciles a los norteamericanos. En 1922 se gradúa de Doctor en Derecho Civil y Público, título que utiliza sólo para defender a los oprimidos y los explotados.
Ya había conocido a escritores de la talla de Nicolás Guillén, Juan Marinello, Regino Pedroso y José Zacarías Tallet y, junto a ellos, participa en la Protesta de los Trece, llamado así por el número de sus firmantes, en el que rechazan el bochornoso decreto de compra-venta de un histórico edificio colonial y por el cual sufren encarcelamiento y un posterior proceso judicial.
Como consecuencia de estos hechos surge el Grupo Minorista, que nucleaba a un grupo de escritores que se pronunciaban por un arte nuevo, por la reforma de la enseñanza, por la autonomía universitaria y contra el imperialismo yanqui y los dictadores.
A partir de estos hechos no se da ni un minuto de descanso. Conoce a Julio Antonio Mella y éste lo vincula a las luchas universitarias. Juntos asisten al Primer Congreso Nacional de Estudiantes y organizan la Universidad Popular José Martí y la Liga Antiimperialista de Cuba.
En 1927 ingresa en el Partido Comunista de Cuba y llega a formar parte de su Comité Central. Dirige las huelgas obreras y es asesor legal de varios gremios obreros y, a pesar de encontrarse gravemente enfermo, dirige la huelga general contra el tirano Gerardo Machado en 1930, que dura 24 horas a pesar de la represión y amenazas del dictador.
Sus compañeros lo envían a un sanatorio de la Unión Soviética, donde profundiza en la construcción del socialismo. Su ansia de lucha es tan grande que decide regresar a Cuba: “Yo sé que no tengo cura y quiero darle mis últimas energías a la clase obrera y al Partido Comunista”.
Comienza de nuevo a colaborar en periódicos, se adentra en las luchas sindicales y dirige la huelga que derroca a Machado en 1933. Pero sus fuerzas físicas se han agotado, tiene que ingresar en un hospital y allí muere, con los pulmones destrozados, en 1934.
El destacado luchador Raúl Roa, quien al triunfo de la Revolución ocupó el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores y fue conocido como “El Canciller de la Dignidad”, expresó sobre su amigo Rubén: “Una semilla en un surco de fuego”.













