La población de la villa guantanamera debía acudir eventualmente a la parroquia de San Anselmo de los Tiguabos para recibir los oficios religiosos, poblado con pretensiones de ciudad que tenía un siglo de fundado y que está situado en el municipio El Salvador, a varios kilómetros de esta comunidad.
Es por ello que la creciente población de esta villa solicita, en 1824, la construcción de un templo y la permanencia de un sacerdote para su atención religiosa; pero debieron transcurrir ocho años más para que la justa demanda fuera elevada al Gobernador de la Isla. Para avalar su solicitud, los guantanameros se dieron a la tarea de localizar un lugar adecuado que se ajustara a los proyectos de crecimiento del poblado, y a esta preocupación dieron respuesta los señores Pedro Manuel Pérez, Belisario Rey y Lorenzo Jay, quienes donaron, en 1835, el terreno que hoy ocupa el parque José Martí.
La construcción comenzó en abril de 1837, pero poco después se paralizaba por el reclamado de un comerciante que exigía la edificación del proyecto en la zona que en ese momento era el centro urbano, en los alrededores del parque 24 de febrero.
Dos años después se reiniciaba la construcción del templo, concluyéndose el 15 de julio de 1842 y el día 27 de ese propio mes se realizó la ceremonia de bendición, en conmemoración al aniversario de la muerte del primer párroco y maestro que sirvió en escuela gratuita en la villa, José Andrés Rodríguez Luna, principal animador en la edificación de la iglesia.
Pocos años después, en 1863, por el mal estado en que se encontraba la edificación, es demolida totalmente, restaurándose al año siguiente. En el 1900, 1912 y 1953 se le realizan también reparaciones y en ese último año se le agrega un cuerpo más a la torre.
Al triunfo de la Revolución comienza un nuevo proyecto de reparación que culmina en 1960, y sólo se mantuvieron del anterior proyecto las paredes externas y la torre. Se había modificado el campanario; se sustituyó la cúpula de tejas por la actual, abovedada; se eliminaron las puertas laterales y continúa la sucesión de ventanas ahora con vidrios de colores, protegidas con barrotes torneados de madera.
En la última remodelación se realiza el artesonado de madera del falso techo, similar al de las construcciones religiosas del siglo XVI cubano. Su estilo es sencillo, formado por tres naves que se distinguen desde el exterior, tres puertas de acceso conforman su fachada, siendo la del centro de mayor tamaño y desde donde parte la torre del campanario.
No obstante las numerosas modificaciones arquitectónicas realizadas en el templo desde 1963, la iglesia Santa catalina de Ricci, actualmente Catedral de Guantánamo, no ha cambiado de lugar, ni ha crecido o reducido su espacio físico, encajando perfectamente en su entorno y realzando la belleza de esa añeja edificación guantanamera.




