Al concluir el enorme puente de madera en la prolongación de la actual calle Aguilera, la población comenzó a llamarlo jocosamente “El Colorado”, debido a la pintura que se le había dado, pero posteriormente, en un acto oficial, fue bautizado con el nombre de “Santa Isabel”, en honor a la Reina de España.
Las crecidas del Guaso, sumado al paso de carretas, arrias de mulos y otros medios rudimentarios de transporte, aconsejaron la conveniencia de sustituir al viejo puente de madera por otro de hierro. Entre 1882 y 1889, se acomete esa obra por decisión del alcalde Rafael Llopart, el cual resiste los embates de la naturaleza y de la población hasta 1921, año en que otra fuerte crecida del río lo destruye totalmente.
Era un imperativo contar con un puente en dicho lugar, por lo que de inmediato se le encarga el diseño de otro al ingeniero municipal Juan Pérez Montes de Oca, que culmina con presteza su proyecto y todo parece indicar que lo inauguran el 20 de mayo de 1922.
Este nuevo puente estaba construido con vigas de hierro unidas con remaches, poseía dos arcos a cada lado que delimitaban la vía para el paso de los vehículos y los transeúntes, con barandas protectoras de tubos galvanizados. El piso estaba conformado por grandes vigas de madera ajustadas con clavos de líneas férreas.
El paso del tiempo y el incremento de vehículos cada vez más pesados, provocaron que las vigas de madera se fueran aflojando y deteriorando, por lo que se decide dotarlo de un piso de rejillas de acero e instalar luminarias, beneficiosas labores que se concluyen en 1947.
Estas reparaciones soportan la carga por más de 25 años, pues en 1974, debido al mal estado en que se encontraba, aconseja la construcción de un nuevo puente, esta vez de concreto, con mayor altura y doble vía mucho más amplia, quizás más resistente que los anteriores, pero indudablemente sin el encanto de los que lo precedieron, cual Quijotes de madera y hierro resistiendo los embates del milenario río Guaso.




