Guantánamo.- En alrededor de dos décadas se estima la supervivencia de los pacientes guantanameros desde su diagnóstico como portadores del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH)...
La pandemia apareció en Guantánamo en 1986 y aún viven aquí pacientes diagnosticados entonces como seropositivos, testigos durante 23 años del progresivo crecimiento del número de infectados, quienes totalizan 230, cifra en la cual se incluyen 32 fallecidos.
La extensión del ciclo vital tras el contagio y la elevación de la calidad de vida se sustentan en un régimen asistencial y alimentario diferenciado que incluye gratuitamente el empleo de diferentes antirretrovirales, medicamentos de producción nacional y foránea que disminuyen la carga viral del paciente y evitan la replicación de esos agentes infecciosos.
De todos modos la pandemia es una trágica realidad que en la provincia de Guantánamo sumó este año 28 nuevos casos a las estadísticas de Salud, tras los cuales se mueven contactos, o personas transitando por el período ventana asintomáticas, pero contagiosas de tener relaciones sexuales irresponsables, sin protección, en fin "inocentes" multiplicadores de la pandemia.
El crecimiento supera en 17 los reportados por la provincia más oriental de Cuba en 2008, con prevalencia entre los HSH, nomenclatura asignada a los hombres que practican sexo con hombres, tipo de relación marital científicamente señalada como de mayor infectación, seguida por el contagio de varón a hembra y por último a la inversa: de aquélla a aquél.
El cuadro estadístico del comportamiento del VIH/SIDA en la provincia de Guantánamo durante el año que expira apuntó un crecimiento a expensas del sexo masculino (23), sobre todo entre homosexuales, mientras entre los 25 y 29 años se reportan númericamente más contagios, los cuales concentran las mayores cifras en Guantánamo, Manuel Tames y Baracoa, en ese orden.
Los oídos están sordos, el riesgo se desdeña, las relaciones sexuales son irresponsables, el condón sirve para globos, los ojos miran sin ver la pandemia que acecha desde el cálido y gratificante sexo que invita a la pareja.
Los axiomas suenan a slogan: El SIDA no tiene rostro, sexo, raza, credo, nacionalidad… las realidad replica: solo víctimas.
Las cifras de contagiados, a pesar de información, cultura, campañas preventivas, enormes erogaciones financieras e infinita y humana voluntad política … siguen la curva ascendente de gráficos estadísticos, en los cuales pueden aplaudirse resultados en la esperanza de vida, en la calidad existencial del enfermo, afeites tras los cuales se esconden irremediablemente el dolor y la muerte.













