Destronada la dictadura Machadista, el 12 de agosto de 1933, Guiteras asume la Secretaría de Gobernación en el llamado Gobierno de los 100 días. Así, se convertiría en el exponente más radical del heterogéneo gabinete al proclamar un conjunto de leyes y disposiciones de gran impacto social: el establecimiento de salarios fijos, la aplicación de la jornada de ocho horas en la industria azucarera, la rebaja del precio de artículos de primera necesidad y la legalización de los sindicatos.
La más elemental de aquellas disposiciones, fue la intervención de la mal llamada Compañía Cubana de Electricidad y la reducción del 45 por ciento en el precio de sus tarifas. Claro, tal providencia no simpatizó a los yanquis pues lesionaba directamente sus bolsillos.
Debido a sus actividades revolucionarias en contra de la dictadura, para Guiteras fue inevitable el clandestinaje. Entonces fundó la Joven Cuba, programa donde se trazaban los objetivos y tareas de una Revolución de liberación nacional, agraria, democrática y antiimperialista.
Ya estaba todo dispuesto para la salida hacia México de Antonio Guiteras, donde conoció al venezolano Carlos Aponte, uno los escogidos por él para que le acompañaran. Sin embargo, fueron sorprendidos por sicarios de la tiranía batistiana debido a una delación. “Yo no me dejo coger vivo”, fueron las últimas palabras que se le escucharon al líder de Joven Cuba en El Morrillo, el 8 de mayo de 1935.
Allí quedan los cuerpos aniquilados. Una bala de rifle le rompe el corazón a aquel joven de 29 años y en breve la metralla, se extingue la vida de Carlos Aponte. En desigual combate, perdía la Revolución del 30 el último de los líderes capaz de encauzar la misma hasta convertirla en Revolución triunfante, se perdía la figura más erguida, el brazo más enérgico y el vigor más puro del movimiento nacional revolucionario cubano.











