El 18 de noviembre, concluyó en Roma, Italia, la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria, un foro que pretendía buscar alternativas ante la desafiante y preocupante situación mundial de hambre, un verdadero desastre humanitario que afecta a muchos, y lo peor, que se identifica en ascenso en varias partes del orbe.
La sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) acogió durante tres días a Jefes de Estado y de Gobierno y autoridades de alto nivel de los diferentes países miembros, aunque, existieron ausencias imperdonables que dicen mucho de la importancia que le conceden sus protagonistas al asunto, las naciones más poderosas.
Ante las alarmantes y demoledoras estadísticas que hablan del sufrimiento de más de mil millones de seres humanos en el hemisferio por el flagelo del hambre y la pobreza, de muerte de varios niños en un mismo minuto y de desigualdades entre regiones geográficas, el panorama apuntaba hacia al análisis consciente de su gravedad. Sin embargo, quienes con voluntad de arribar a acuerdos concretos y serios asistieron a la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria, no pueden sentirse satisfechos del todo.
La reiterada necesidad de lograr compromisos más resueltos por los países desarrollados frente a los subdesarrollados o en vía de desarrollo, todavía perdura y quizás de manera mucho más latente.
El alza de los precios de los alimentos en los dos últimos años junto a los efectos de la crisis global acrecienta el problema, colocando en una pavorosa y lamentable situación a los menos protegidos por las políticas gubernamentales, en las diferentes naciones del mundo.
¿Cómo catalogar la irracional práctica de convertir alimentos en combustibles?
Desde el 2003 se duplicó el uso de maíz para biocombustibles, por ejemplo, y según la FAO, se prevé que la demanda aumentará 12 veces hasta el 2016.
El costo de los alimentos resulta alarmante en la actualidad, y el alza de éste al parecer, según expertos en el tema, no vacila en alejarse del escenario mundial, por lo menos en otros 10 años.
Una realidad escalofriante se hace cada vez más tangente para los hambrientos del planeta, hacerse de un pedazo de pan será tan difícil como aceptar que hoy ya casi es un lujo tenerlo en muchos países.
Seguridad alimentaria a la mesa en una Cumbre que aún ocupa que para el 2015 se logre arrancar el hambre a la mitad de hombres, mujeres y niños que en el 2006 ya eran víctimas de ese flagelo.
La solidaridad entre los pueblos e integración de éstos descuella por su importancia como paliativo a las difíciles condiciones actuales. Son imprescindibles políticas de cooperación y es inconcebible que sean utilizados los alimentos como objeto de presión por los ricos frente a los pobres.
Seguridad alimentaria, un camino largo por recorrer pero que urge acortarlo.













