Incorporado desde joven al Ejército de su país, a los 20 años recibe su bautismo de fuego en la batalla de Santomé, defendiendo su Patria contra la agresión de tropas haitianas. Durante años permaneció en esa institución militar, donde alcanzó el grado de Comandante de Caballería por su coraje e inteligencia.
A los 28 años emigra a Cuba buscando nuevos horizontes. Su alto sentido de la justicia lo vincula en Manzanillo a conspiradores independentistas cubanos cercanos a Carlos Manuel de Céspedes, uno de los principales líderes de ese movimiento en el país, de ahí que al pronunciar éste el Grito de La Demajagua, el 10 de octubre de 1868, Máximo Gómez se integra a las filas del Ejército Libertador.
De ahí en adelante sitúa a la independencia de Cuba, tierra que amó al igual que a su querida Patria, como la causa fundamental de su vida. En su primera batalla, en las cercanías del poblado de Baire, Gómez demuestra no sólo una gran valentía en ese victorioso combate, sino que da pruebas de sus profundos conocimientos militares, algo de lo que carecían los integrantes del Ejército Libertador, por lo que muy pronto se convirtió en maestro de los guerrilleros cubanos y se le otorga el grado de General.
En 1873, cuando la caída en combate el Mayor General Ignacio Agramonte en las llanuras de Camagüey, Gómez fue designado para sustituirlo, y muy pronto reinició las acciones en esa provincia, resaltando los combates de Palo Seco, Las Guásimas y La Sacra. Poco después llevaba la guerra hasta Las Villas y cruzó la trocha de Júcaro a Morón, con la que el Gobierno español pretendía aislar a las provincias orientales insurrectas.
Al producirse el Pacto del Zanjón, Gómez marchó a Jamaica y, en los alrededores de Kingston, trabajó la tierra como jornalero en una finca para sostener a su familia. Cuando José Martí, Delegado del Partido Revolucionario Cubano, le ofrece incorporarse a sus planes conspirativos para reiniciar la guerra independentista, Gómez acepta y ambos desembarcan en Cuba el 11 de abril de 1895. El viejo combatiente ostentaba el cargo de Comandante en Jefe del Ejército Libertador.
Una vez reiniciada la guerra en Cuba, Gómez prepara la invasión a occidente junto a su Lugarteniente General Antonio Maceo, quien llega hasta Pinar del Río, mientras él se queda en La Habana. En aquellos momentos los cubanos tenían casi ganada la contienda a España, victoria que se ve tronchada por la intervención en ese conflicto bélico de los Estados Unidos, poderosa nación que siempre había ambicionado apoderarse de la Isla.
Los norteamericanos aprovecharon la derrota de España para convertir a Cuba en una colonia. El General Gómez, agotado por más de 30 años de lucha se retira a su humilde hogar en Calabazar; donde vivió sus últimos días El Generalísimo, decepcionado por no poder ver la independencia de Cuba, aspiración que se vio materializada el 1 de enero de 1959, con el triunfo del Ejército Rebelde, continuador de las luchas del Ejército Libertador. A tí, el mejor homenaje de todos los cubanos.











