A muchos puede haber alegrado la noticia de la aceptación por parte del gobierno de facto de Honduras de un acuerdo para restituir al depuesto Gobernante José Manuel Zelaya Rosales en el poder, aunque no sin antes el Congreso dar su consentimiento.
Por aquellos días finales de Octubre las informaciones referían que los términos del acuerdo legitimaban la mencionada acción fascista perpetrada por la cúpula burguesa el 28 de Junio contra el mandatario constitucional.
Nadie puede llamarle de otro modo a las acciones que avasallaron al pueblo del país centroamericano organizado en un amplio Frente de Resistencia Nacional, que ya no solo exige el retorno de Zelaya al poder, sino las transformaciones democráticas necesarias para el progreso de la nación
La Corte Suprema y el parlamento de Honduras, han sido cómplices del golpe de estado y en esos meses de dictadura, contribuyeron al igual que los golpistas a transgredir los derechos humanos y políticos del pueblo hondureño, y es esa la garantía que ofreció la jauría micheletista "para retrotraer todo el poder ejecutivo previo al 28 de Junio de 2009".
Como el acuerdo no se pronuncia por una Asamblea Constituyente que cambie la institucionalidad jurídico-política antidemocrática que aplasta al pueblo de Honduras, en la práctica la restitución de Zelaya como presidente de la República hubiera sido un gesto simbólico, un cuño de la sedición.
El pueblo centroamericano ya vive días negros por más de cuatro meses, pero la lucha de la resistencia popular que no solo demanda el regreso de su legítimo presidente, sino la verdadera democracia y el respeto a sus más elementales derechos usurpados por la cúpula golpista, no se amedrenta.
No es solo el gobierno, sino el engaño y traición de los grupos de poder contra su pueblo, que no soporta más la explotación a la que ha estado sometido históricamente por una minoría, dueña de los principales recursos del país.
El propio Zelaya ha reconocido que conversar con quienes lo derrocaron el pasado 28 de junio "es como dialogar con secuestradores o terroristas…le van a pedir un rescate y luego piden otro y siguen para chantajear a quien han secuestrado".
Informaciones confiables aseguran que las declaraciones del depuesto mandatario se producen después de que el gobernante de facto hondureño, Micheletti, estableciera un autodenominado Gobierno de Unidad Nacional para guiar el proceso de normalización institucional, pero encabezado por él mismo y sin representantes de Zelaya.
El acuerdo firmado por ambas partes la semana pasada, establecía la creación de un Gobierno de Unidad Nacional y que el Congreso fuera el que decidiera sobre la restitución del mandatario derrocado.
Zelaya ha reconocido una vez más el imperio de "la mala fe con las posibilidades de lograr este Gobierno de Unidad que a última hora el señor Micheletti salió diciendo que él lo iba a dirigir. No puede conseguir legitimidad para él, mucho menos para un Gobierno".
El clima reinante en Honduras para las elecciones del próximo 29 de Noviembre es el provocado por el golpe de estado de Michelettí, quien de seguro titireteado por sus padrinos norteños ha cobrado fuerza para nunca cumplir su promesa de retirarse del poder.
Llámenlo como le llamen lo acontecido no tiene otro nombre que chantaje con un pueblo todo y eso tienen que pagarlo, y caro, quienes aún persisten en mantener la tensión política en Honduras.
Como dijera Zelaya el pueblo vive en “un país secuestrado, con una democracia robada por el golpe de Estado y organismos internacionales debilitados por estar dialogando con un aprendiz antidemocrático que quiere demostrar ante el mundo que él tiene los pantalones y las armas puestas en su cintura y que nadie lo va a bajar de donde llegó por la fuerza".
En un comentario anterior referí desde los primeros momentos que no se podía confiar en el acuerdo; pues el gobierno de facto aupado por quienes no tienen nada que hacer, pero no pierden oportunidad para estar metidos cuando no se le llama, en problemas internos de los países latinoamericanos y en otras regiones, no entregaría el poder tan fácilmente.
Las elecciones en Honduras marchan por un camino incierto: los golpistas relatan el cuento a su manera, pero el pase de cuenta a los que provocaron el sufrimiento de un pueblo todo, está en manos de la resistencia popular que cada día se hace más férrea.













