En La Lima, a poco más de 30 kilómetros de la cabecera del municipio de El Salvador, el 11 de Noviembre de 1934, volvía Lino a ganarse el protagonismo, cuando al frente de otro grupo de valientes prácticamente obligara a delegados del Gobierno de la Cuba neocolonizada por el imperialismo yanqui, a acatar las demandas de hombres de trabajo, que como él dijera, “No querían guerra, pero si tierra”. El hecho pasó a la posteridad como el Pacto de la Lima.
Hace 76 años pocos hubieran imaginado pasajes como estos: niños que juegan libremente o estudian en su escuelita primaria Esteban Centeno Torres, o en la Sala de Video Mariana Grajales. En este sitio, existe hace varios años un Consultorio con médico y enfermera de la familia para atender a unos 250 habitantes.
Ellos son los descendientes de quienes ese 11 de Noviembre en este agreste paraje hicieron valer su legado de mambises, de los que juraron que era preferible morir peleando por sus derechos, que hacerlo por hambre.
Ese día ante el Gobernador de Oriente y otros representantes del Gobierno, entre ellos el entonces Coronel Fulgencio Batista, convertido después en un sanguinario tirano, los campesinos aseguraron que solo muertos saldrían de sus tierras
El regente no tuvo otra opción que prometer justicia, hecho que fue cumplido solo por un año, pero dadas las circunstancias en aquella oprobiosa república, se considera un hecho sin precedentes.
Al cabo de 76 años los pobladores de La Lima recuerdan el acontecimiento mostrando al mundo otra realidad que es la de los campesinos y cooperativistas de la zona convertidos en dueños de las tierras y comprometidos a hacer producir más cada palmo de estas montañas para entregar sus frutos al pueblo.
Las producciones agropecuarias son su fuerte y allí ganado mayor y menor, los cultivos varios y hasta de café, forman parte de su riqueza.
Los avances sociales en La Lima conminan a defender la causa por la que generaciones precedentes ofrendaron hasta sus vidas, porque en cada uno de los pobladores de esos agrestes parajes perdura eternamente la resistencia realenguista.
Se llama realenguistas a quienes en Realengo 18, sitio colindante con este poblado, lanzaron el grito de Tierra o Sangre, liderados por Lino de las Mercedes Álvarez. Tales acontecimientos trascendieron las fronteras nacionales cuando el periodista cubano Pablo de la Torriente Brau escribiera sobre ellos, en su obra Realengo 18.











