Un día antes, tres pelotones de la Tropa de Choque de la Columna 6, “Juan Manuel Ameijeiras, al mando de Efigenio, llegan al campamento rebelde del Alto de la Victoria, sede de la compañía C, “Francisco Castro Ceruto”, cuyo jefe era el teniente Amancio Flores Galeano, de donde saldría un refuerzo de 20 guerrilleros para el ataque al cuartel de Soledad.
El poco parque disponible por la fuerza rebelde era un obstáculo tremendo para el cumplimiento de la misión, toda vez que por la cercanía de la ciudad de Guantánamo, a sólo 8 kilómetros, era de esperarse que llegaran refuerzos para los 27 soldados del cuartel de Soledad, así como también del cercano cuartel de Cuneira.
Es por ello que se adopta la siguiente estrategia: enviar la compañía “Asdrúbal López Vázquez”, al mando del teniente Wicho Herrera, a impedir que refuerzos de Guantánamo intervinieran en el combate, y al capitán Hermes Cordero, con su compañía “Juan Pedro Carbó”, a atacar simultáneamente al cuartel de Cuneira, distante a 10 kilómetros de Soledad.
Además el Comandante Efigenio Ameijeiras decide explorar otra vía para rendir al cuartel sin tener que combatir, por lo que solicita entrevistarse con el jefe de la guarnición enemiga, sargento Castiel Jiménez, hermano del rebelde Ernudis, caído 6 meses atrás en el combate de La Lima.
Utilizando a la esposa del sargento, Efigenio le pide a Castiel que entregara el cuartel y evitara un inútil derramamiento de sangre, pero éste evita dar una respuesta definitiva, pues en realidad esperaba que llegaran los refuerzos desde la ciudad de Guantánamo. Ante esta situación el ataque de las fuerzas rebeldes comenzó a las dos de la madrugada del día 9 de noviembre de 1958.
Cerca de las 8 de la mañana una columna de soldados batistianos procedente de Guantánamo se disponía a partir hacia Soledad, cuando fue atacado audazmente por tropas rebeldes, ocasionándoles algunas bajas. La desmoralización de las tropas del régimen era de tal magnitud que desistieron de apoyar a sus compañeros de Soledad.
Ante la falta de municiones, los rebeldes se la ingeniaron para colocar una potente bomba M-81 junto al muro del cuartel, en realidad era un balón de oxígeno de los empleados para soldar, lleno de explosivos, que al estallar destruyó paredes y el techo del cuartel, así como una buena parte de la defensa de esa guarnición y de inmediato los guardias se rindieron.
Previo a estos hechos, el Gobierno de los Estados Unidos veía con inquietud las constantes victorias del Ejército Rebelde, y estaba temeroso de que fuerzas populares pudieran asumir la dirección del país y poner en riesgo sus cuantiosos intereses en la Isla. Por ello, pese al disgusto del dictador Fulgencio Batista, orientaron emprender una campaña electoral con el objetivo de imponer un Presidente de la República fiel a la Casa Blanca y con mayor aceptación popular y, de paso, escamotear la cercana victoria revolucionaria.
Esta maniobra no pasó inadvertida para la dirección del Movimiento 26 de Julio, por lo que de inmediato el Comandante en Jefe Fidel Castro orienta acelerar las operaciones combativas para impedir esa jugarreta. De esa directiva surge, entre otras, la Operación Gancho, cuyo objetivo era atacar en el territorio guantanamero a los cuarteles de Ermita, Cuneira y Soledad e impedir con ello la farsa electoral que, a la postre, no dio ningún resultado.
Con esta victoria se honró la memoria de Alex Urquiola y Diosmedes Silveira Valdés, combatientes rebeldes caídos en el primer ataque a ese cuartel, además se estrechó el cerco a la ciudad de Guantánamo y quedó liberado el territorio del actual municipio de El Salvador.











