Con razón los mandatarios más consecuentes con el mejoramiento humano de los pueblos de América Latina sienten la preocupación y se ocupan por las siete bases militares estaunidenses instaladas en Colombia y han expresado su rechazo y desacuerdo por la firma del acuerdo, calificado hasta como secreto, entre Álvaro Uribe y la Casa Blanca.
¿Quién puede verdaderamente justificar que el narcotráfico, el terrorismo y el tráfico de armas se combaten con el tipo de armamento ubicado en las bases yanquis en territorio colombiano y la gran cantidad de efectivos apostados? Y mucho menos soldados de Estados Unidos, meca del terrorismo, el armamentismo y la drogadicción y otros contratados.
Hasta los más inocentes, los más cándidos, se dan cuenta de que es una burla a la inteligencia natural de los pueblos, una muestra más de la arrogancia y prepotencia del imperialismo norteamericano y sus gobiernos fascistas en contra de Latinoamérica.
La aprobación de este pacto atroz, como lo calificara el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, nada tiene que ver con el pueblo colombiano, el cual también saldrá afectado por la presencia de 800 efectivos norteamericanos y hasta 600 mercenarios que ya se pasean por las calles donde se ubican los enclaves bajo inmunidad diplomática.
El líder de la Revolución Cubana señaló en sus más recientes reflexiones que: “No se trata de un acto del gobierno de Bush; es Barack Obama quien suscribe ese acuerdo, violando normas legales, constitucionales y éticas".
¿Esta es la demostración del mandatario de la Casa Blanca de que es digno de un Premio Nobel de la Paz?
Informaciones difundidas dan a conocer que la base aérea de Palanquero, en el mismo centro de Colombia, para cuya adecuación el Congreso de Estados Unidos aprobó 46 millones de dólares, será el eje del total de siete instalaciones a las que los militares estadounidenses tendrán acceso, según detalles del acuerdo anticipados por ambos Gobiernos anteriormente.
Las propias fuentes exponen que otras unidades militares contempladas son las bases del Ejército en Larandia, al sur, en el departamento de Caquetá y Tolemaida, en el centro, Cundinamarca y Tolima; las aéreas de Malambo, al norte, en el Atlántico, Palanquero (centro, Cundinamarca) y Apiay, al sur, en Meta, así como en las navales de Cartagena, en el norte, y Málaga, en el Pacífico.
Los reportes expresan que con este acuerdo, que Bogotá ha presentado como complementario a uno global de cooperación en vigencia desde 1974, Washington busca suplir el cierre de la base ecuatoriana de Manta, cuyo contrato de diez años no fue renovado por el Gobierno de Rafael Correa.
Por donde quiera que se mire, el pacto que aparentemente implica solo a dos países, afecta la seguridad de toda la región, en particular a Venezuela, cuyo Presidente Hugo Chávez ha impulsado importantes programas de desarrollo social, no solo nacionalmente sino en el área.
¿Es tan difícil a los organismos internacionales darse cuenta del chantaje a que el gigante del norte somete a los países de Latinoamérica y del mundo con este acto? Por ahora los pueblos de la región son los más perjudicados.
Pero lo más peligroso de los icebergs es que en el mar solo se les ve la punta.













