En medio de las difíciles condiciones imperantes, la mayor potencia del mundo, Estados Unidos, continúa su desenfrenada carrera contra un país que ha demostrado en 50 años de Revolución que no solo resiste al más cruel bloqueo imperialista sino que se desarrolla y alcanza niveles sociales distintivos que constituyen ejemplo para muchos.
El 28 de octubre próximo la comunidad internacional tendrá la oportunidad nuevamente de hacer público su contundente repudio a la política genocida contra Cuba, un reclamo que se hace mayor al paso del tiempo, y no es casualidad, sucede, que ya el monstruo del servilismo va quedando en el empeño de pocos y son más los honestos que los vergonzosos seguidores de una política hostil y arcaica.
Tras un cambio de gobierno, visto por muchos con profundo optimismo, sigue en la picota de la opinión pública el discurso de un Presidente que anuncia transformaciones pero que en la concreta no pasa de ser de eso; hay una gran distancia del dicho al hecho.
Son muchos los ejemplos que podrían citarse pero solo me referiré a unos pocos, a pesar del anuncio no se ha cerrado el centro de detención y tortura en la Base Naval de Guantánamo que usurpa un pedazo de tierra patria contra la voluntad del pueblo cubano, en Irak subsisten las tropas invasoras y la guerra en Afganistán se acrecienta.
Cuando de nuestro país se trata valdría recordar que son más feroces los robos de fondos congelados en bancos norteamericanos, que prosigue la persecución por parte del Departamento del Tesoro a las empresas y entidades financieras que comercian con la Isla y muchas otras tantas monstruosidades que dan fe de la vigencia hoy de de un bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba que permanece intacto a pesar del abrumador reclamo del mundo.
Para los cubanos, conocedores de la política norteamericana no le sorprende tal realidad pero exige, al igual que el resto del mundo, que coincida alguna vez el discurso con los hechos.
Poner fin al bloqueo es la exigencia del pueblo del archipiélago caribeño y también del mundo. No es posible que tantas voces se alcen y los oídos de la gran potencia permanezcan sordos, es hora de que se rompa la máscara de hierro que mantiene las sanciones contra nuestro país bajo la Ley del Comercio con el Enemigo, aprobada en 1917 para enfrentar situaciones de guerra y que solo se aplica a Cuba.
Espeluznantes resulta el odio del gobierno de los Estados Unidos contra nuestro pueblo y es el bloqueo la manera que han encontrado para asfixiarnos e intentar borrarnos de la faz de la tierra.
El daño económico directo ocasionado por la práctica genocida asciende a una cifra que supera los 96 mil millones de dólares hasta diciembre de 2008, si se traduce, lo significaría alrededor de 236 mil 221 millones de dólares a los precios actuales de esa moneda norteamericano; sin embargo, las exuberantes cifras no ilustran la verdadera realidad que sufre el pueblo cubano; disímiles son los daños emocionales y de otra índole que padecemos.
Cuba, Estados Unidos y el mundo se sentarán este próximo 28 de octubre en la Asamblea General de Naciones Unidas, una vez más se levantarán las multitudes mediante los representantes de las naciones que de seguro volverán a apoyar el fin de bloqueo. ¡Qué nadie tenga duda de ello!











