"Camilo fue el compañero de cien batallas, - expresó de él, Ernesto Guevara de la Serna- , el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa... Camilo era Camilo, señor de la vanguardia, guerrillero completo que se imponía por esa guerra con colorido que sabía hacer."
Es mito, leyenda y realidad. Una fiel combinación de lo subjetivo y lo objetivo. Tenía dos corazones: uno para la Patria y otro para el amor. Su pueblo, del cual salió para eternizarse, lo venera como ser humano. Era buen conocedor de sus hazañas militares y la eterna sonrisa del Señor de la Vanguardia debajo del inseparable sombrero alón, también recuerda las historias de sus propios enemigos, quienes le temían tanto que llegaron a crear una aureola de misterio que lo hacía invencible en el combate.
Había nacido en una humilde barriada habanera, el 6 de febrero de 1932, en el seno de una familia humilde y revolucionaria. Nada predecía al héroe, al menos en su estilo convencional. Mostró siempre un carácter rebelde, enemigo de la injusticia.
Portador de buen carisma y calidad humana, fue uno de los hombres más queridos entre las tropas y los pobladores. Poseía una convicción y poder seductor tan inmensos que atrapó en sus madejas, hasta a un argentino tan experimentado y serio como Ernesto Che Guevara y entre ellos surgió una amistad que con el tiempo se convirtió en una epopeya.
Después del triunfo de la Revolución, Camilo alcanzó una intensidad sorprendente. Cuando el desleal Hubert Matos atentó contra la Revolución y hubo de frenársele, viajó a Camagüey y completamente desarmado detuvo al traidor. Regresó a La Habana el 25 de octubre, participó en el acto del día siguiente, para repudiar las acciones de los imperialistas y, en apoyo a la Revolución, el 27 viajó a Camagüey con la intención de retornar hacia la capital la tarde del 28, pero nunca llegó a su destino, su avión desapareció y nos dejó privados para siempre, del dueño de aquella sonrisa amplia y el sombrero alón.
Su intensa vida revolucionaria experimentaba un acelerado proceso de maduración, cuando la muerte súbita la tronchó prematuramente a los 27 años de edad, justo cuando la Revolución comenzaba la dura y decisiva etapa de su batalla frontal contra el imperialismo yanki y la contrarrevolución interna.
A cerca del Héroe de Yaguajay, el Comandante en Jefe Fidel Castro dijo: "no tenía la cultura de los libros, pero sí la inteligencia natural del pueblo". Y para Vilma Espín era la historia pura. Sólo hay que leer su nombre: Camilo Cienfuegos. Fue un héroe de cien fuegos. Buscó el horizonte en el ánima del fusil y el beso en los ojos de las mujeres, como el que va a morir temprano.
Camilo era, sin dudas, un revolucionario de pies a cabeza, un modelo insuperable de combatiente y de vanguardia; un hombre de pensamiento radical y antiimperialista; revolucionario surgido del pueblo. Un hombre que se robó su propio nombre para dárselo a la Revolución.













