Con un lenguaje tan enrevesado como cínico, su “señoría” sentenció a Tony con 21 años y 10 meses de prisión y 5 años de libertad condicional por su intento (las negritas son nuestras) de “reunir y transmitir información militar clasificada”.
Casi contradiciéndose, la propia Lenard subrayó que si bien Guerrero no obtuvo secretos del gobierno norteamericano "toda la evidencia indica que él estaba buscando hacerlo".
La juez consideró que la sentencia era "razonable y justa y refleja la seriedad de la ofensa".
¡Increíble la insolencia de la señora Lenard!
El argumento no pudo ser sostenido ni siquiera en el manipulado juicio efectuado en Miami hace ocho años, conducido por esta inquisidora moderna, descrita además como dura, pro gobierno, escasamente sensible a los pedidos de la defensa y siempre complaciente a las objeciones de la fiscalía.
Los mismos portavoces de la mafia anticubana de Miami tuvieron que reconocer entonces que ningún militar testimonió a favor de la parte acusadora.
Por el contrario, todos los que fueron al juicio fueron convocados por la defensa y atestiguaron que Cuba no es un peligro militar para los Estados Unidos, así como que la labor de vigilancia de la Red Avispa solo tuvo consecuencias para los histéricos grupúsculos politiqueros de la comunidad de origen cubano radicada en Miami y sus organizaciones terroristas.
Otra cosa no podían decir, pues la Isla digna e independiente jamás ha atentado contra la seguridad nacional de los Estados Unidos, así como tampoco ha cometido ningún acto de agresión ni de terrorismo contra el país norteño.
En el caso de Tony, se comprobó que su trabajo en la Base Aérea y Naval de Boca Chica, en Key West, no tuvo el propósito de infiltrarse y obtener información confidencial.
Aún así fue sentenciado el 27 de diciembre de 2001 a cadena perpetua más 10 años por los cargos jamás probados de “conspiración, conspiración para cometer espionaje y agente extranjero no declarado”.
A Cuba le asiste el derecho de defenderse de cuanta acción hostil se planee, organice y se intente realizar en contra de su soberanía y la seguridad de su pueblo.
En el sur de la Florida proliferan los grupos paramilitares de origen cubano que con la caída de la Unión Soviética y el campo socialista en Europa del Este consideraron llegado el momento de derrotar a la Revolución con actos terroristas destinados a golpear a la debilitada economía del país y sembrar el terror entre el pueblo.
Vigilar a esos grupos de criminales y alertar a Cuba del peligro de alguna agresión fraguada entre ellos, fue la honrosa misión encomendada a Tony y sus hermanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González y René González, no dañar al pueblo norteamericano.
Y quedó demostrado en el juicio en Miami, pero la jueza Joan Lenard rebasó incluso las expectativas de la fiscalía y agradó a la mafia anticubana con la aplicación de ilegales y excesivas condenas, que pusieron en tela de juicio al sistema judicial norteamericano.
Las sanciones contrastan de forma escandalosa con las aplicadas en años recientes en los Estados Unidos a otras personas contra las cuales existían indiscutibles evidencias de espionaje, a veces a escalas insospechadas.
En todos los casos, los acusados recibieron sentencias muy inferiores a la de los cubanos e incluso a algunos la administración Obama les retiró los cargos en su contra.
El actuar parcializado de la jueza fue criticado por el pleno de la Corte del Onceno Circuito de Apelaciones de Atlanta, el cual indicó que las sanciones fueron impuestas incorrectamente y anuló las aplicadas a Tony, Ramón y Fernando, pero ratificó las de Gerardo y René.
Como prueba de su oposición a la orden de resentenciar a los tres cubanos, la jueza complació a la fiscalía ordenando interrumpir la evaluación de daños y perjuicios que la labor de Los Cinco pudo ocasionar a la seguridad nacional de los Estados Unidos, aceptando el pretexto de que revelaría información secreta del gobierno.
Aún así, la asistente del Fiscal General, Carolina Heck Miller, tuvo que reconocer que la búsqueda no había dado con pruebas de que la Red Avispa había dañado la seguridad del país norteño.
Por todas las razones expuestas, los 21 años y 10 meses impuestos ahora a Tony constituyen una injusticia, sin dejar de apreciar que tal reducción es el fruto de la amplia solidaridad internacional con los héroes antiterroristas cubanos, la perseverancia de su familia y de la dedicación y profesionalidad del abogado defensor Leonard Weinglass.
Toca ahora intensificar la lucha por la liberación de los héroes a escala planetaria, como forma de seguir presionando a las autoridades norteamericanas para que los liberen, como debió suceder en 2001 y ahora, en el caso de la resentencia de Tony, la jueza Joan Lenard no quiso.













