En la ciudad de Baracoa, primera villa cubana fundada en 1511 por Diego Velázquez, resalta un sitio de singular belleza e historia. Lo llaman El Paso de los Alemanes y es un accidente geográfico ubicado sobre la única carretera que conduce a los pobladores que viajan desde Baracoa hasta Maisí, el extremo más oriental de la isla de Cuba.
Según explica el historiador de la antigua ciudad de Baracoa, Alejandro Hartmann, “se formó de manera natural luego de un desprendimiento de la terraza marina de emersión en esa zona de la costa Norte.”
Aunque todos los lugareños elogian su inusual atractivo, muy pocos conocen la verdadera historia que hay detrás de este sitio. Ese es el caso de María Ignacia Ramírez, baracoesa que todos los días recorre el trayecto para llegar hasta el poblado de Yumurí.
“Me encanta hacer mis caminatas por aquí cada mañana- dice con orgullo Maria Ignacia- Tiene su historia pero yo solo conozco que es uno de los tantos sitios de Baracoa que cautivan a los visitantes.”
Estudiar los orígenes de este lugar ha sido siempre el interés del historiador Alejandro Hartmann, quien emprende, en la actualidad, una permanente investigación sobre las rarezas de Baracoa para luego publicarlas en un libro.
“A finales del siglo XIX- cuenta Hartmann- un alemán llegó a Cuba junto a su familia y compró parte de estas tierras. Como era un hombre muy poderoso y adinerado, exigía a los viajeros el pago de un impuesto para obtener el derecho a pasar por sus propiedades. De ahí proviene el nombre El Paso de los Alemanes.”
La historia cambió para suerte de muchos pobladores de la región más oriental de Cuba. En la actualidad, centenares de hombres y mujeres transitan por El Paso de los Alemanes sin pagar un solo centavo.
“Hoy sigue siendo la única vía por carretera que enlaza a la ciudad de Baracoa con el municipio de Maisí, situado a unos quince kilómetros de la Primada de Cuba. Sin embargo, ya no es un trillo o camino sino una carretera que se construyó gracias a la Revolución Cubana. Debería llamarse El paso de todos los cubanos”- comenta, visiblemente emocionado, el historiador Alejandro Hartmann.













