Guantánamo: La llamada “transición democrática” impuesta por los centros de poder al pueblo de Honduras, ya transita por noventa y cinco noches negras en las que se cuenta un centenar de muertos, y otra alta cifra de heridos y desaparecidos.
Pero la resistencia popular lejos de debilitarse se fortalece en cada jornada, a pesar del recrudecimiento de la represión hasta el punto de desactivar los dos últimos, únicos, medios de comunicación que informaban la verdad: la cruel y despiadada soberbia de la élite de derecha
que sin el menor pudor atenta contra el derecho de su pueblo, del mismo pueblo al cual traicionaron, al deponer tras un golpe de estado, el pasado 28 de Junio, al Presidente Constitucional Manuel Zelaya Rosales.
Desde el primer momento se denunció la hipócrita y solapada actuación del Departamento de Estado de Estados Unidos, la CIA y el Pentágono, mientras el discurso del mandatario de la Casa Blanca Barack Obama era conservador.
Después vinieron las enrevesadas misiones de la OEA: el usurpador Micheletti y su camarilla pidiendo ayuda…, organismos internacionales pronunciándose en contra del golpe, y el pueblo hondureño sufriendo en
cada momento las ambiciones de un puñado de familias y los intereses de empresarios norteamericanos en el país centroamericano.
Con todo esto descartado, el camino de los que decidieron traicionar a su pueblo y atentar contra toda justicia y derechos humanos, se acorta.
Llueven por estos días las noticias de declaraciones contradictorias de la Secretaria del Departamento de Estado norteamericano y el Embajador de ese país ante la OEA con relación al retorno de Zelaya el 21 de Septiembre a su país.
Bajo las balas el Presidente Constitucional hondureño decidió su regreso, no provocó él los abusos contra su pueblo, sino todo lo contrario. Desde su entrada aboga por el entendimiento pacífico y la negociación a favor de la mejor salida al conflicto.
Los gorilas se han negado a todo intento de evitar más derramamiento de sangre, y pretenden avanzar en el proceso electoral previsto para Noviembre próximo, por supuesto en el complejo entramado lleno de dobleces y medias tintas que solo agudizan la actual situación dictatorial.
En medio de ello comienzan a aflorar fisuras en el seno del bloque golpista: no se esperaba que la situación durara tanto, ni que las consecuencias económicas a esta altura serían tan alarmantes.
Ya familias de aristócratas han formulado hasta solicitudes de intervención militar extranjera, que es como seguir inyectando odio al pueblo víctima de toques de queda, estado de sitio y eliminación de las garantías constitucionales por parte del gobierno de facto.
Son noventa y cinco jornadas en la que se advierte un fortalecimiento creciente de la esencia de la resistencia popular. El pueblo no sólo demanda la restitución de Zelaya en el poder, sino el perfeccionamiento radical de la democracia.
La conciencia social se ha fortalecido con este golpe y el pueblo ya no acepta limosnas, sino derechos, y la disposición de adquirirlos al precio que sea necesario es evidente. La cúpula golpista teme al pueblo, a su decisión de no volver al pasado y de luchar por conquistar nuevamente el usurpado poder que se le arrebató.
La palabra final en esta historia la tiene la resistencia popular hondureña, que desde hace casi cien días ya ha escrito páginas inolvidables de dignidad.













