Guantánamo.- Algunos pensarán que se trata de un cuento, en el que aparecen vuelos literarios que permiten licencias a quienes se dedican al difícil arte de escribir; sin embargo no es ficción, ni parece serlo mucho menos, el demonio contra Cuba anda suelto, desollando no solo al pequeño país caribeño sino, a quien trate de relacionarse de alguna manera con él. El costo es caro, muy caro, las víctimas lo saben muy bien, mientras los victimarios lo disfrutan.
El ultraje del aislamiento, el que nos ha condenado el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra nuestra nación, lo hemos sufrido en carne propia desde el surgimiento de ese invento yanqui, 47 años atrás con los dictados de Eisenhower.
Sobrevivir al cerco, porque no puede ser otro el calificativo cuando no solo se frena el desarrollo y bienestar económico y social de un pueblo sino que se limita el apoyo del exterior hacia él, no ha sido nada fácil, pero a la vez creo que nos hizo más fuertes, unidos y conscientes, crecer como robles y cultivar nuestra astucia e inteligencia popular para enfrentar todos los obstáculos devenidos de sus intolerantes efectos y daños abrumadores.
La arrogancia del gobierno norteamericano pasa los límites de la desvergüenza. Durante la última jornada del debate general del 64 período de la Asamblea de Naciones Unidas, las voces de la comunidad internacional reiteraron su demanda por el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba; sin embargo, los oídos imperialistas no escucharon una vez más el reclamo mundial, porque el genocidio no se parece más al demonio cuando se trata de una violación masiva y sistemática de los derechos de los cubanos y a las normas del Derecho Internacional.
El próximo 28 de octubre, la agenda de trabajo de la Asamblea General de las Naciones Unidas incluye por decimoctavo año consecutivo un debate sobre el tema. Cuba someterá a votación el informe conocido como Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los estados Unidos de América contra Cuba. La voz altruista y de resistencia sin límites de nuestro pueblo se dejará escuchar en el plenario y temblará nuevamente la ignominia.
El bloqueo afecta pero también dificulta las relaciones con otros países. Cualquier transacción o intercambio que se intente hacer por Cuba y terceros países se convierte en motivo de hostigación para nuestro Estado y persecución para quienes incurran en esa violación impuesta arbitrariamente por el gobierno norteamericano. Cuba no puede adquirir en cualquier parte del mundo un producto que contenga más de un 10% de componentes o tecnología de los Estados Unidos; tampoco, las embarcaciones de procedentes de otras naciones pueden atracar en puertos estadounidenses hasta 180 días después de haber tocado uno cubano.
Las estadísticas señalan que 7de cada 10 cubanos han vivido bajo los influjos del bloqueo imperialista, es decir, quienes nacieron después del triunfo revolucionario conocen muy bien las artimañas de lo que significa la constante amenaza a la soberanía de un país que solo quiere construir libremente su presente y futuro en beneficio propio y para el resto del mundo.
Abundan los ejemplos expresión del odio visceral del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. “El bloqueo es un acto de agresión unilateral, al que se le debe poner fin de manera unilateral”, tal como expresara recientemente el Ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país, Bruno Rodríguez Parrilla en el debate general del 64 periodo de sesiones de el asamblea General de la ONU.
El bloqueo es inadmisible, injusto, incongruente y aberrante, reflejo de la insostenible política del gobierno de los Estados Unidos desatada contra Cuba por casi ya cinco décadas.
El demonio del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba debe ser excomulgado de una vez y por todas. La historia universal recogerá en síntesis apretada la verdad de un pueblo que supo resistir la magnitud de tal ofensa, y para ese entonces, solamente los ilusos y los secuaces del Imperio no podrán aceptar la derrota.













