Guantánamo.- Cuentan que en cierta ocasión, convocados por el Rey de la Selva, los animales se reunieron en la jungla para presenciar el combate entre el gran depredador y un pacífico morador del bosque, para colmo de abuso, amarrado a un árbol.
El tan melenudo como prepotente soberano lanzó un aterrador rugido y se abalanzó sobre el desesperado contrincante que, contra todos los pronósticos, dio una dentellada al león y lo hizo chillar despavorido: ¡Trampa, trampa, me han hecho trampa, el “combate” es ilegal!
El cuento ilustra perfectamente la actitud de la retrograda mafia anticubana de Miami, que impotente frente a los Comités de Defensa de la Revolución aúlla, blasfema e intenta denigrarla por cuanto medio tiene a su alcance, imposibilitada de “dar y no recibir”.
La imprescindible organización de masas nació el 28 de septiembre de 1960 durante un acto de pueblo frente al Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución) en Ciudad de La Habana.
Fidel acababa de regresar de las Naciones Unidas (Nueva York) donde intervino en la Asamblea General. Compartía impresiones con el pueblo, cuando en las cercanías explotaron algunos petardos, tras los cuales el entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario alertó:
“(…) están jugando con el pueblo, y no saben todavía la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo”.
“Vamos a implantar, frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria”.
“Y vamos a ver cómo se pueden mover aquí los lacayos del imperialismo, porque, en definitiva, nosotros vivimos en toda la ciudad”.
“(…) para que vean que cuando la masa del pueblo se organiza, no hay imperialista, ni lacayo de los imperialistas, ni vendido a los imperialistas, ni instrumento de los imperialistas que pueda moverse”.
Y nacieron los CDR en una etapa crucial para la supervivencia de la Revolución, en el Año de la Reforma Agraria, de expropiación de latifundios y enfrenamiento clasista, cuando la ultraderecha reaccionaria, batistiana asentada en Miami y apoyada por el gobierno del presidente estadounidense Dwight Eisenhower apostó por destruir la nueva Cuba.
Sembraron la Isla de organizaciones y bandas contrarrevolucionarias: Rosa Blanca, Frente democrático, Línea Segura, Unidad Revolucionaria, 30 de Noviembre, Frente Democrático Revolucionario, Rescate Estudiantil… todas de esencia terrorista y asesina que apoyaron bandas del Escambray e intentos de asesinatos contra Fidel.
El año del nacimiento de la combativa organización guarda para la historia de las agresiones contra Cuba preparación de fuerzas invasoras en Guatemala, incendio de cañaverales y ataques aéreos a centrales azucareros, voladura del vapor francés La Coubre cargado de armas, la Operación Pluto ordenada por Eisenhower para llenar de mercenarios el Escambray, Estados Unidos priva a Cuba de la cuota azucarera y Fidel lanza el histórico grito de ¡Patria o Muerte, Venceremos!
Todos fueron derrotados y los enemigos internos neutralizados con la intervención decisiva de los CDR en estrecha vinculación con los Órganos de la Seguridad del Estado, sacrilegio que no le perdonan sus detractores de Miami, asesinos de toda laya que ahijan en su seno a personajes como Luís Posada Carrilles y santifican la doctrina del terror.
Los CDR, importante aporte cubano a la teoría y práctica de la lucha revolucionaria, trascienden su misión fundacional de mantener la Guardia en Alto y devienen instrumento imprescindible para todas las tareas del país;
Los alrededor de ocho mil cederistas que militan en la organización nacionalmente son parte activa en la producción agroalimentaria, la repoblación de bosques, el ahorro, la recuperación de materias primas, las donaciones de sangre y otras campañas de salud como la vacunación contra la poliomielitis y la erradicación de causas y condiciones que favorecen la existencia del mosquito Aedes Aegypti.
La democracia cubana no se concibe sin los CDR, porque desde la cuadra, de reuniones populares, salen las propuestas de quienes serán candidatos a delegados o diputados del Poder Popular tras comicios a los que históricamente ha concurrido más del 95 por ciento del electorado.
La lucha contra las ilegalidades, las indisciplinas sociales, el delito y la corrupción son otros frentes de batalla de los Comités de Defensa de la Revolución, institución cuya condición de imprescindible para la sociedad cubana de hoy, nada tiene que ver con las falacias y acusaciones de quienes destilan odio visceral.
Pero a fin de cuentas el odio, el rencor, la intolerancia y la impotencia de la poderosa mafia cubano americana frente a la Isla, valida y lustra la existencia de los Comités de Defensa de la Revolución.











