Guantánamo.- Cuando los Comités de Defensa de la Revolución arriban a su aniversario 49 es el mejor momento para hacer llegar el reconocimiento a aquellos que desinteresadamente han dedicado muchos años de su vida a trabajar, hasta de manera voluntaria, en la mayor organización de masas del país, fundada por el comandante en Jefe Fidel el 28 de Septiembre de 1960.
Treinta y cinco de sus 65 años de vida ha dedicado Francisco Castillo Laurencio a los CDR. Por tal motivo fue el único en recibir este año un Certificado que lo acredita como tal, reclamo de sus discípulos que hoy por hoy lo consideran el decano de la organización en el territorio por ser el más veterano activo de los profesionales.
“Yo soy guantanamero de punta a cabo. Mis padres son de aquí. Aquí nací y aquí me moriré. Desde joven me sentí comprometido con la causa de la Revolución. Cuando triunfó yo apenas tenía 15 años. De ahí que en cuanto se me propició la oportunidad me incorporé a dirigir los CDR, primero en la cuadra, después en la Zona y de ahí hasta ahora que me desempeño como Orientador del Consejo Popular de San Justo. Antes lo fui en otros.
Los primeros años fueron muy duros porque los enemigos no escatimaban para hacer de las suyas. Recuerdo que en más de una ocasión salíamos a patrullar en grupos de dos o tres, en la guardia cederista y teníamos que ponernos duros para romper los grupitos de gusanos, o espantar a algún entretenido con malas intenciones.
Al principio la dirección de la organización era empírica. Nadie pasaba escuelas ni nada de eso. La escuela más grande era la calle. Sí había un entusiasmo grande, y a la gente no había que caerle atrás para que hicieran las cosas. Los que se comprometían rara vez fallaban. Los chequeos de emulación eran fortísimos. Las calles de noche estaban más vigiladas por los cederistas que por otras fuerzas.
Después poco a poco se fueron sumando tareas. Siempre me ha gustado trabajar con los jóvenes, ayudarles, enseñarles. De ahí que algunos de los cuadros profesionales hoy me digan maestro, decano y todas esas cosas.
Lo único que yo he hecho, además muy a gusto es darle un poquito de lo que yo he aprendido en la vida. La gente nunca es mala, mala, ni tan buena, buena. Todos tenemos defectos.
Pero el trabajo político ideológico funciona cuando es sistemático, permanente, cuando se cogen a tiempo las dificultades. La prevención es muy importante. No se trata de sorprender a uno cometiendo un error, sino evitarle que caiga en ello.
El trabajo de los dirigentes de los CDR no es echar a nadie para a´lante, como decimos en buen cubano, sino hacerle entender a los que se pasan de la raya que están en mal camino y que necesitamos que se ponga en línea.
No se puede hacer entender a la gente si no se predica con el ejemplo. El primero que tiene que hacer la guardia es el dirigente. El primero que tiene que acudir cuando un vecino está enfermo es el dirigente. El que tiene que salir primero al trabajo voluntario, o a la reunión es el dirigente. Solo así las masas te siguen.
Por eso haber recibido tan alto estímulo como este del certificado por 35 años me enorgullece, pero me compromete más a continuar aportando para que aquellos a los que he preparado en estos menesteres vean en mi el motivo para aportar a los CDR hasta el último aliento”.
Con la vista puesta en el logotipo inscripto y pasándole la mano al cuadro que porta su certificado, Castillo se sume en los años que vivió, los cuales hoy se reflejan en ese estímulo.











