Por donde nace lo cubano, sale el sol y son más brillantes los atardeceres, el Alto Oriente, la tierra inspiradora de la conocida “La guantanamera”, la música traspasó los telerreceptores.
En Guantánamo, a 900 kilómetros de La Habana, Juanes cantó y se escuchó alto. Movimientos de brazos, piernas y cuerpos acompañaron el Concierto de Paz. Todos en casa estuvieron allí.
La amistad, solidaridad y fraternidad entre los pueblos fue saboreada sin fronteras y llegó a la más oriental de las provincias cubanas. Enganchados a la pantalla del televisor permanecen jóvenes y menos jóvenes.
Un millón 150 mil personas acompañaron a Juanes y sus invitados en la Plaza de la Revolución de La Habana, pero, ¿cuántos a ciencia cierta estarían junto a él en el momento en que visiblemente emocionado dijo: este es el sueño más hermoso y de amor que he podido experimentar después de mis hijos.”
Hacer entender que es importante cambiar el odio por amor fue el motor que impulsó a Juanes y por eso, contra todas las banderas, actúo para los cubanos, desde Punta a Cabo. Por eso los guantanameros nos unimos.
¡A dios le pido!, fue la primera interpretada por el cantautor colombiano y continuó el repertorio, casi imparable por su inteligente, amorosa y amante letra.
Un poquito después el querido Silvio Rodríguez con su guitarra en manos, y antes otra constelación de estrellas. De seguro, por muchos días se hablará en las calles y poblados de la oriental provincia cubana de los por menores del multitudinario encuentro de los artistas con el pueblo de la Mayor de las Antillas.
La paz vistió lujo. Desde una isla en el medio del mar, llamada Cuba, la Libertad voló al viento. La hora de cambiar en la mente de todos se abre paso desde Cuba y con voz de música.
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