Guantánamo.- La joven doctora guantanamera Dayami Bell Planche lleva dos años en la República Bolivariana de Venezuela; durante sus últimas vacaciones en Cuba, me confesó que tiene un arma infalible contra la nostalgia: el trabajo, la satisfacción de saberse útil desde su consulta en el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) del municipio de Punceres en Monagas. Ella es una de los cientos de guantanameros que graban las huellas de los hijos de esta tierra por el mundo.
La vi crecer. En un momento que no puedo precisar, dejó de ser mi vecinita para convertirse en amiga, en la compañía perfecta para compartir chistes y alegrías, pero también penas y dolores del alma que sabe entretejer tan bien con sus consejos llenos de una sabiduría innata y del fino humor que la distingue; ese, que ni aún la distancia ni la añoranza por los suyos han podido menguar.
“ Sin dudas que mi viaje a Venezuela me ha hecho cambiar, aunque no lo creas!.- se apresura a añadir ante mi mirada de incredulidad.- Si, de veras.- agrega más seria.- Para mi es aún un reto, en primer lugar porque jamás me había separado tanto tiempo de mi familia, pero sobre todo por el gran compromiso que entraña, tanto yo como los demás médicos, enfermeras, técnicos…somos la cara de Cuba donde quiera que estemos, somos la muestra del desarrollo de nuestra medicina, el espejo de un pueblo que se caracteriza por un alto espíritu de trabajo, de entrega, de altruismo.”
La doctora Bell Planche es especialista en Medicina General Integral (MGI) y en estos momentos presta sus servicios como endoscopista en la hermana nación.
“Las experiencias son muchas…- me dice mientras hace una búsqueda rápida en la memoria.- Mira, una vez en mi guardia llevaron a un joven que había ingerido paracuá (un insecticida)…cabalgó por todas las complicaciones asociadas: esofagitis, insuficiencia renal, en fin, fallo multiórgano…y nos batimos fuertemente con él hasta que logramos ponerlo fuera de peligro y al cabo de 45 días, regresó a su casa y hoy por hoy no deja de pasar una semana sin que se llegue al CDI a saludarnos y mostrarnos su agradecimiento.
Dayami es la mayor de tres hermanas y la más consentida por toda la familia, me atrevo a afirmar sin el permiso de su madre Lidia, quien además ha sabido guiar y educar también, como trabajadora ejemplar, a Danneyis, la segunda quien es además técnico medio en Construcción Civil, y a Dariuska, la menor, que cursa la licenciatura en Cultura Física. Tanto para ellas, como para Mama Dora (la abuela) y José, el padre, la separación tampoco ha sido fácil.
“Pero todos sabemos que lo primero es el deber, el compromiso con la Revolución, con nuestro Fidel, con ese otro gran hombre que es Hugo Chávez.- afirma muy segura.
Los siguientes minutos los dedicamos a otro tipo de plática hasta bien cerca de la media noche y justo cuando me disponía a entrar a mi casa, me dijo:
“Te voy a responder la pregunta que no me hiciste tal vez porque esté un poco desgastada: en la próxima vuelta, o sea, si vuelvo a nacer, seré médico de nuevo y sin pensarlo me iría otra vez a Venezuela o a cualquier otra parte del mundo donde se me necesite!”
Sonreí ante la manera de expresarse tan suya, pero así es Dayami, una joven a quien he visto crecer por dentro y por fuera, una guantanamera de estos tiempos que por demás forma parte del ejército de los que ponen en grande el nombre de Cuba y de Guantánamo por el mundo.













