El 10 de septiembre de 1979, los revolucionarios del mundo recibieron consternados la triste noticia: ese día, en Moscú, en la entonces Unión Soviética, dejó de latir el corazón de António Agostinho Neto, uno de los grandes próceres de la libertad de África y padre de la nación angolana.Icolo e Bengo , el 17 de septiembre de 1922, fue el escenario de la llegada al mundo del más distinguido luchador por la independencia de Angola.
Pudo estudiar medicina en la metrópoli portuguesa y allí, por méritos propios, ocupó el primer lugar de su clase en la Universidad de Lisboa. De esa época datan sus inquietudes revolucionarias, cuando se integra a diversos movimientos nacionalistas angolanos en el exilio.
Allí florece definitivamente la poesía del conocido intelectual en ciernes, exaltando a la cultura natal, inicio del camino hacia una lírica cargada de épica, amor y tono tierno que cantará por la dignidad colectiva de Angola.
Luego del retorno a la patria para ejercer la profesión de médico, su oposición al sometimiento colonial le cuesta años de cárcel. La polémica Amnistía Internacional no puede soslayar la devoción férrea a su causa de la que Neto hizo gala toda su vida y lo declara como “el prisionero político” de 1957.
Hasta los enemigos tienen que reconocer la amplia admiración que despierta entre los africanos con conciencia política.
Es el líder de sorprendente visión histórica, formación erudita asombrosa y un nivel político y moral muy alto, que a fines de esa década funda el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), junto a otros luchadores independentistas.
Preso nuevamente, logra escapar de su cautiverio en Portugal y desde el exilio dirige la organización que dio inicio a la lucha armada el 4 de febrero de 1961.
Comenzaron entonces 14 años de una guerra, larga, silenciosa, que pusieron a prueba la determinación de acero que escondía bajo la piel de hombre modesto, sencillo y de calma proverbial que además fue.
Ese arrojo brota con toda plenitud cuando proclamó la independencia de Angola el 11 de noviembre de 1975, dando fin a casi cinco siglos de dominio colonial portugués.
Lo extraordinario es que gesto reivindicativo de su puesto y de extraordinario valor político tuvo lugar cuando las fuerzas títeres de la UNITA, el FNLA y la dictadura zairense de Mobutu Sese Seko, intentaban derrotar a Neto y su organización, por mandato de los gobiernos de los Estados Unidos y de la Sudáfrica del odioso y criminal apartheid.
En medio de la Guerra Fría, la administración de Gerald Ford escogió a Angola como el lugar para demostrar la resolución yanqui luego de la derrota vergonzosa en Vietnam. En esa pretensión, los Estados Unidos intervinieron a través de Zaire y, además, animaron a Sudáfrica a invadir Angola.
Como generoso y cruento tributo de los cubanos a nuestros ancestros africanos, combatientes de la Mayor de las Antillas saltaron el Atlántico para ayudar a su hermanos angolanos, forzaron a los sudafricanos a retirarse de Angola y los Estados Unidos sufrió una derrota humillante.
António Agostinho Neto, fue proclamado como el primer presidente de la República Popular de Angola.
Bajo su dirección, el país comenzó a transitar por la senda de la independencia y a reconstruir su economía devastada por el saqueo colonial y la guerra civil de 1975, tareas inmensas por la insuficiencia de profesionales, médicos y maestros nativos.
Cuba extendió entonces su mano generosa, con el envío de decenas de miles constructores, especialistas de diversas ramas, personal de la salud y profesores.
En diciembre de 1977, Neto recibió otra muestra de admiración, respeto y reconocimiento de su pueblo, cuando es reelecto como máximo líder del MPLA y guía de la lucha heroica del pueblo, durante el Primer Congreso de la organización, que desde entonces adoptó el nombre de MPLA-Partido del Trabajo y definió su vocación socialista.
Su firmeza de principios internacionalistas se puso de manifiesto al apoyar de manera resuelta la decisión de Cuba de extender al terreno militar la solidaridad que había brindado desde el triunfo de la Revolución a los pueblos de Namibia y Sudáfrica en la lucha contra el oprobioso régimen del apartheid.
A Neto no lo pudieron vencer los portugueses, ni los norteamericanos, los racistas sudafricanos, Jonás Savimbi o Nito Alves y Ze Van Dunen, estos últimos los cabecillas del golpe militar frustrado en mayo de 1977.
Minó su salud el cansancio de tantos años de cárcel, de tantos años de guerra y de tantas horas de largas jornadas de gobierno, decidido a proveer a su pueblo de un futuro mejor.
A tres décadas de su desaparición física, el padre de la patria angolana, el presidente António Agostinho Neto, merece como mejor tributo proseguir la lucha a la que dedicó la vida, con la certeza que siempre tuvo de que la victoria es cierta.











