Una joven mexicana que llegó a la Isla contagiada de entusiasmo y también con el virus de la Influenza A (H1N1), se refiere a su estancia en Cuba y en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK).
Rocío Zac-Nicté Cupul Aguilar llegó al aeropuerto internacional José Martí de La Habana, el pasado 14 de junio, en el vuelo 7574 de Mexicana de Aviación, con el propósito de cursar un Diplomado sobre Periodismo y Ambiente, que se iniciaría dos días después en la capital cubana..
Lejos estaba de imaginar la jovencita de 22 años que el grueso de su estadía en la Isla transcurriría en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, donde cuatro días después se confirmó que era portadora del virus de la influenza A (H1N1).
El tratamiento de que fue objeto y la evolución favorable de su organismo ante la enfermedad, le permitieron reingresar el 27 de junio al Instituto Internacional de Periodismo José Martí (IIPJM), y concluir el pasado tres de julio la citada actividad docente, en la que participaron comunicadores de Cuba, México, Costa Rica, Ecuador y Argentina.
Todos ayudaron a Rocío a ponerse al día en el programa del cual tuvo que desvincularse a las 90 horas de haber matriculado, contribución en la que sobresalió su compatriota Carlos Ucán, también oriundo del estado de Campeche, y quien con mejor suerte participó en la travesía efectuada desde Cancún.
Ambos pasaron sin complicaciones, en las terminales áreas de esa ciudad mexicana, y de La Habana, las preguntas de rutina y los chequeos de garganta, presión arterial y temperatura, sin embargo, el azar reservaba jornadas nada rutinarias a esta recién graduada y especialista en Relaciones Públicas del Benemérito Instituto Campechano.
Esa es una de las tres instituciones que por su antigüedad se denominan beneméritas en el país norteño y la cual en reconocimiento a la trayectoria estudiantil de la visitante (mejor expediente de su curso), la eligió para el Diplomado convocado por el IIPJM, en el cual transcurre esta entrevista.
Es preciso aclarar que en este lugar, ni en el IPK, perdió su sentido del humor esta mexicanita que se ufana de estampar en los formularios “una identificación muy acorde con la naturaleza del curso que vine a pasar en Cuba ”, ya que su segundo nombre significa en lengua maya Flor Blanca.
Su nombre, por otra parte, refleja un fenómeno natural tan hermoso que inspiró a Rafael María de Mendive, maestro y preceptor de José Martí, el poema La Gota de Rocío, joya del romanticismo cubano.
¿Cómo se detecta la enfermedad?
-El miércoles 17 de junio me levanto con dolor de cabeza y no le presto importancia, pero al día siguiente estoy afónica y con una temperatura de 39 grados, la cual me detectan en el policlínico, porque yo no me sentía con fiebre.
El jueves me llevan hasta el IPK, a pesar de las protestas, porque me sentía perfectamente, y decía a los médicos y enfermeras que me atendían que por un poco de fiebre no había que exagerar tanto.
¿Con qué temperatura llegas al IPK?
-Llego a las 18:00 horas con solo 36,9 grados centígrados y tensión arterial de 120-80. Al día siguiente, me extraen sangre y me efectúan los exudados faringeo y nasal, resultados que el sábado por la noche me informan que son positivos.
Después que te informaron que eras portadora del virus de la influenza A (H1N1), a tantos kilómetros de tu país y lejos de tu familia, ¿te desanimaste?
-Sí, un poco, a pesar del buen trato y alimentación y las deferencias y profesionalidad del personal médico y paramédico con los pacientes. Yo había dejado dicho en el Instituto de Periodismo que avisaran sobre esta situación a mi mamá, en Calkiní, un pueblo que queda a 90 kilómetros de Campeche, y a mi hermano y a mi novio, que viven en la capital del Estado.
A los tres los había abrazado y besado durante la despedida, y temía haberlos contagiado, por lo cual les mandé a decir que se hicieran inmediatamente los exámenes para detectar la presencia del virus.
¿La gestión arrojó resultados?
- El mensaje llegó a ellos, pero cuando mi familia fue al hospital de Campeche para solicitar la prueba, ya que sus anteriores contactos conmigo implicaban un riesgo, les respondieron que no podían hacerla.
¿Por qué ?
-Porque la prueba era muy costosa y para dar ese paso tenían que detectar en el solicitante por lo menos cuatro síntomas de la enfermedad. No hago esta comparación para desdorar la imagen de mi país, pero en Cuba un poco de fiebre y dolor de garganta fueron suficiente para el internamiento, sin esperar otros síntomas asociados como tos, expectoración, secreción nasal, dolor muscular o trastornos digestivos.
Fui testigo de que las bondades que se pregonan sobre el sistema preventivo cubano de salud no son gratuitas.
¿Te arrepientes de haber hecho el viaje en esas circunstancias que para ti eran imprevisibles?
-No, por las razones que ya he dicho. Aunque me atrasara en el diplomado y ya no puedo ir al obelisco al Che Guevara, en Santa Clara (que era mi sueño), he conocido a un pueblo inolvidable, y a mis compañeros de curso, que siempre tendré en mi memoria..
En mi Diario de los días en el IPK, reflejo mi tristeza por encontrarme enferma, y aislada, y al mismo tiempo la alegría de sentirme muy bien cuidada.
¿Deseas añadir algo más?
-Sí, un saludo a todo el personal que me atendió en el Kourí, incluso al médico que en mi Diario le puse Doctor Matailusiones, debido a que me comunicó que la prueba había dado positiva, y días después, ante la insistencia mía para que me permitieran irme, me dijo: “Rocío, el alta no la doy yo personalmente, ni siquiera una junta de Médicos del IPK, sino el Ministerio de Salud Pública. Además contigo hay que extremar los cuidados, porque eres portadora casi sintomática de la enfermedad.
Esas palabras me convencieron, pero no me devolvieron la alegría, que comencé a recuperar solo con la acogida que me dispensaron mis compañeros del diplomado, quienes con su ayuda, compensaron el tiempo perdido durante mi ingreso, y me permitieron graduarme el tres de julio con ellos, como estaba previsto.











