La Revolución Energética en Cuba, como fue bautizada por el presidente Fidel Castro, nació en momentos de crisis, ante el colapso que durante el 2004 sufrió el ya deteriorado Sistema Electroenergético Nacional (SEN), basado hasta entonces en grandes plantas con altos índices de consumo de combustible y redes de transmisión y distribución también en mal estado técnico.
Este programa abarca una serie de medidas encaminadas a disminuir el consumo de energía eléctrica en el país. Una de ellas, iniciada en 2006, fue la sustitución de todos los bombillos de alto consumo por fluorescentes, mucho antes de que Australia decidiera seguir el ejemplo del país caribeño.
Otro paso importante emprendido por la población y gobierno cubanos, dentro de la Revolución Energética, fue la sustitución de millones de equipos electrodomésticos por otros más modernos y ahorradores.
Estas medidas, sin contar otras trascendentales relacionadas con la generación y distribución de la electricidad, le permiten al país ahorrar considerablemente la energía, contribuir con la preservación del entorno y contar con más recursos para otras áreas de la economía.
Con buen ritmo prosigue también la instalación de grupos electrógenos de emergencia en objetivos vitales de la economía y los servicios para proporcionar energía eléctrica aún en caso de fenómenos meteorológicos o de cualquier otra catástrofe natural o provocada que afectara a la nación.
Mediante los mismos se garantiza la protección, entre otros objetivos, de: 255 hospitales; 348 policlínicos; 119 clínicas estomatológicas; 245 bancos de sangre, hogares de ancianos y de impedidos físicos y mentales y farmacias principales; 639 panaderías; 356 centros de producción, conservación y elaboración de alimentos; 37 frigoríficos; 293 sistemas de bombeos, rebombeo y para potabilizar agua.
El camino de la Revolución Energética constituye un proceso de aprendizaje, no exento de errores por rectificar, cuyas inversiones recién empiezan. Los resultados aún resultan imposibles de medir en su total magnitud, aunque ya hay sobradas y alentadoras pruebas de su valía para la economía y el pueblo de Cuba.











