La periodista y abogada argentina, Alicia Rodrigo, es una de esas personas amantes y defensoras de la obra de la Revolución Cubana que hacen suya su historia, haber tenido la oportunidad de conocer a Ernesto Che Guevara fue uno de los momentos más trascendentales de su vida.
Alicia trabaja intensamente en la Casa de la Amistad con Cuba en Mar del Plata, desbrozando el muro de falacias que en su país de origen y muchos otros, levantan los grandes medios de comunicación en torno a Cuba; y en ese afán, va tejiendo una interesante historia…
¿Por qué justamente el amor por Cuba?
“Creo que nació conmigo, procedo de una familia de militares de derecha. Nació con la inquietud, cuando terminé la escuela primaria, de saber que había barbudos en la Sierra Maestra de Cuba haciendo algo que creo todavía no era una Revolución y bueno, traté de averiguar sobre eso.”
“Al momento del triunfo de la Revolución, en el año 1959, mi padre que era militar, estábamos en Buenos Aires, fue trasladado a Mar del Plata y hacía una semana nada más que yo había cambiado de colegio, en el Colegio Nacional de Mar del Plata, y nadie me decía Alicia o Rodrigo, todos me decían Fidelita, porque yo pasaba hablando sobre Fidel Castro y la Revolución Cubana y de toda la historia de Cuba, que me apasionó desde siempre.”
La figura del Che Guevara es uno de sus apasionamientos más acérrimos y tuvo la oportunidad de conocerlo y compartir con él, ¿en qué momento fue y qué es lo que más recuerda de su personalidad?
“Yo conocí al Comandante Ernesto Guevara en el año 1961, cuando él viajó a Punta del Este a la Conferencia de Punta del Este. El había pedido permiso para hacer dos cosas, uno, visitar a su tía Beatriz a la que quería muchísimo y que estaba muy enferma y muy anciana, y hacer una reunión en la casa de sus padres en San Isidro; y yo tengo un tío que había sido compañero de él en la Facultad de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, entonces él sabía de este apasionamiento que yo tenía por Cuba y por el Che Guevara…, y me invitó a esa reunión.”
“Cuando mi tío me presentó al Che, me dio la mano el Che y yo quedé absolutamente muda porque la mirada del Che era penetrante, y era como que se clavaba; después yo estaba haciendo el doctorado en Madrid en Derecho Internacional Público…, y nos enteramos que el Che iba a dar el discurso de apertura del Congreso de Pueblos Africanos en Argel y cruzamos el Mediterráneo y nos fuimos a escuchar al Che, y como los Servicios de Inteligencia de Franco trabajaban muy bien, nos quitaron la beca y nos tuvimos que quedar un año más allá para obtener el doctorado, pero bueno, estuvimos con el Che.”
¿Qué opinión tiene usted sobre la influencia de Fidel en el Che?
“Creo firmemente que jamás Ernesto Guevara no hubiera sido el Che si no hubiera conocido a Fidel y si no hubiera conocido Cuba. Ese, digamos, derrotero de gloria que le señaló aquella magnífica noche en que se conocieron”, sonríe, “era el destino, ¡eran los hados del destino que decidieron que ellos se conocieran! Yo creo que eso fue lo mejor que le podría haber ocurrido a Ernesto Guevara de la Serna.”
¿Qué criterio le merece la obra de la Revolución Cubana?
“Yo creo que la obra de la Revolución es maravillosa. Los logros que tienen en Ciencias, Deportes, en Educación, Seguridad, Salud…; en la Argentina como en el resto del mundo se tiene una idea muy tergiversada acerca de lo que es Cuba, y yo digo, que hay que caminar a Cuba, y ver la realidad, ver el trabajo, y ver el sacrificio de este pueblo.”
Yo cuando conocí a Cuba por primera vez y volví a la Argentina y me preguntaron qué me había parecido, yo le dije que era la Isla del Tesoro, y me dijeron, ¿por qué, es muy rica?, no, no, le dije, el tesoro es el pueblo que tiene.”
¿No le critican en su país ese amor desmedido que siente por Cuba?
“A veces creo que abuso de este amor que tengo por Cuba, porque yo digo siempre que mi país es Argentina porque soy paisana de esa tierra porque nací allí, pero, mi patria, la que elijo con mi razonamiento y con mi sangre es Cuba, entonces yo, es más, en Argentina los que me conocen me dicen Alicia la cubana, cosa que me enorgullece muchísimo.”
“A mí me hubiera gustado tener el privilegio de nacer o vivir en Cuba, pero ya que no lo tuve, siempre pensé que bueno, morir en Cuba sería muy bueno, no porque quisiera morir, sino porque sería muy bueno en medio de la alegría, porque los argentinos decimos que dónde hay tres cubanos juntos hay música y si hay seis cubanos juntos, hay baile.”
Mientras da respuesta a la última de mis interrogantes, Alicia Rodrigo me regala una amplia carcajada, la que no pude dejar de compartir. La eterna amante de Cuba es una de esas personas a las que los cubanos siempre le agradeceremos.











