
Aunque en Cuba esos fenómenos se manifiestan en varias zonas de su territorio, es en la provincia de Guantánamo, al oriente del país, donde se muestran de manera más palpable, por lo que allí existe desde hace décadas un programa territorial para aminorar sus secuelas.
El M.Sc. Guillermo Lemes, director de la Unidad de Medio Ambiente, de la delegación del Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente en Guantánamo, afirma que el territorio cubano oriental avanza paulatinamente en la importante tarea.
¿Qué es la desertificación?
Es un proceso antrópico-natural que tiene lugar en más de 110 países, así como afecta al 70 por ciento de las tierras secas del planeta.
Esto tiene implicaciones muy importantes para la vida de la humanidad y el desarrollo sostenible, porque está influyendo progresivamente en zonas pobladas y en tierras cultivables, fundamentalmente, productoras de alimentos.
La desertificación y la sequía han contribuido al empobrecimiento de muchos países, donde ambos procesos fueron intensificados por el uso irracional de los suelos a partir de la deforestación que es para nosotros el detonante para iniciar el deterioro de las áreas más vulnerables a estos fenómenos.
También debemos señalar que hay zonas del planeta donde ocurre la desertización, es decir el proceso sucede de manera natural, sin ninguna influencia del hombre.
¿Cuáles condiciones hacen que regiones de la provincia de Guantánamo estén amenazadas por esos flagelos?
La franja costera sur de nuestro territorio está limitada por una barrera montañosa que impide el paso desde el norte del aire húmedo impulsado por los vientos alisios y eso genera condiciones de sequedad natural que son históricas.
El asunto es que hasta hace relativamente poco tiempo la actividad humana reforzó su tendencia creciente con la tala de árboles para habilitar áreas agrícolas o fomentar la ganadería en suelos muy pobres, así como para construcciones y obtención de leña para cocinar.
Así se han originado ciertos lugares en la provincia donde se puede afirmar que existe un incipiente proceso de desertificación, ubicados fundamentalmente en esa franja sur, conocida además como el semidesierto cubano porque allí además de registran las más bajas de tasas de precipitaciones en todo el país.
¿Cuáles programas de lucha contra ambos fenómenos se aplican en el territorio?
En la provincia existe un programa territorial de lucha contra la desertificación y la sequía, por el cual existen varios proyectos que contribuyen a la mitigación de esos problemas.
Son proyectos puntuales, a pequeña escala, desarrollados por el Centro de Aplicaciones Tecnológicas para el Desarrollo Sostenible, CATEDES, de nuestro territorio, y el establecimiento provincial del Instituto de Suelos, con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que ya ofrecen los primeros resultados.
En sí no constituyen una solución definitiva al problema porque en Guantánamo hay unas 76.000 hectáreas propensas a la desertificación, pero han permitido reforestar con especies como la Jatropha curcas o Pinón Botija, el árbol del Nim y especies maderables endémicas como el guayacán, a áreas donde la vegetación había sido dañada por la actividad humana.
También se fomentan pequeñas parcelas para la producción de cultivos varios y frutales, además de la producción de leche vacuna y la cría de ganado menor.
Todas esas acciones influyen en el mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones involucradas, como son los casos de las comunidades de El Oro y Cardonal, en el municipio de San Antonio del Sur, y Macambo, en el de Imías, por sólo citar esos ejemplos.
¿Qué perspectivas existen en este sentido?
Nosotros estamos incursionando en el OP-15, un programa de lucha contra la desertificación y la sequía, fomentado por las Naciones Unidas, que tiene aplicación en la provincia y está dirigido a paliar el problema, con la participación cooperada de diversos organismos e instituciones del territorio.
Ya hay varias fincas forestales integrales del valle de Guantánamo que son apoyadas por ese proyecto internacional, como también lo son algunas áreas de cultivos varios, estatales y campesinas, en La Javilla, al sur de la ciudad de Guantánamo.
Lo que está claro que debemos trabajar muy fuerte para detener, primero, y luego mitigar las secuelas de la desertificación y la sequía, pues la tendencia mundial es a que se incrementen debido al fenómeno del cambio climático.
¿Cuál es el papel de la educación ambiental en la lucha contra ambos procesos?
Todos nuestros proyectos de lucha contra la desertificación y la sequía tienen una fuerte carga de educación ambiental, pues se trata de incorporar a las comunidades ubicadas en las zonas vulnerables a las labores de amortiguamiento.
Los especialistas de la Unidad de Medio Ambiente, de CATEDES y otras instituciones provinciales, nacionales e incluso internacionales, brindan cursos de capacitación o charlas sobre los elementos fundamentales para contribuir a desacelerar el fenómeno.
En las escuelas cercanas se forman círculos de interés con los niños para formar en ellos una cultura ambiental, a partir del conocimiento de su entorno, la siembra de posturas de árboles o la pintura, mediante la cual pueden reflejar los cambios en la naturaleza que suceden a su alrededor.
Yo creo firmemente que el desarrollo sostenible está en la educación ambiental.
No hay otra forma de alcanzar el mejoramiento de la vida de las personas, sin reñir con el ecosistema, si no es fomentando una cultura de uso apropiado de los recursos que nos ofrece, algo muy importante para alcanzar el equilibrio necesario entre la actividad humana y los procesos naturales.
La desertificación y la sequía son fenómenos de origen natural que el hombre ha reforzado hasta provocar que por esa causa se pierdan miles de hectáreas de tierra cada año.
Por eso, todos los días son imprescindibles para enmendar nuestras acciones y luchar con éxito en la mitigación de tales procesos, como garantía del desarrollo sostenible.











