Los jóvenes participantes en la acción revolucionaria se proponían poner en pie de guerra a la antigua provincia de Oriente, escenario de pasadas grandes luchas por la independencia de Cuba. Para ello previeron la toma también del Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, nudo de importantes comunicaciones en el área.
La tradición patriótica y las condiciones de explotación y miseria de la población en el oriente de Cuba, tanto rural como urbana, en particular las áreas montañosas, constituían factores que tomaron en cuenta los combatientes revolucionarios, muchos de los cuales fueron asesinados en los calabozos del Moncada y en las proximidades de la ciudad.
Cuba vivía en aquellos momentos una situación especial, el golpe de estado pro imperialista del 10 de marzo de 1952 provocó una conmoción general en la sociedad cubana, a pesar de que esta tenía en crisis permanente sus instituciones y sistema democrático.
De un plumazo Fulgencio Batista eliminó la Constitución de 1940, suprimió la Cámara de Representantes y el Senado e interrumpió las actividades de todos los partidos políticos a sólo 80 días de unas elecciones generales en las que se esperaba la victoria del Partido Ortodoxo, de amplio arraigo en las masas populares.
El asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes y el posterior juicio contra Fidel Castro marcaron un hito en el devenir histórico de la Mayor de las Antillas. En un pequeño cuarto del hospital santiaguero Saturnino Lora, convertido en sala de justicia, el principal acusado de la causa 37 de 1953 pronunciaba su trascendental alegato, conocido posteriormente como La Historia me Absolverá y en el que Fidel Castro expuso el plan de acción de los revolucionarios. La educación era uno de los seis problemas a resolver luego del triunfo de la revolución, junto al de la tierra, la industrialización, la vivienda, el desempleo y la salud.













