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El bloqueo a Cuba sigue, otras víctimas tiene

Escrito por Singh Castillo el . Publicado en Salud

Guantánamo.- Indira Sayú Maure y Corleidis Rojas Rodríguez son pacientes crónicas del servicio de Nefrología del Hospital General Docente Agostinho Neto, de la ciudad de Guantánamo.

Además de la insuficiencia renal que padecen, en común tienen ser madres jóvenes, de 26 y 25 años respectivamente, que reciben la más esmerada y competente atención posible del personal médico y paramédico de la Sala de Hemodiálisis del mayor centro asistencial de la provincia del extremo oriente de Cuba.

“Vienen tres veces a la semana”, señala la doctora María Victoria Vega de la Torre, jefa del servicio, y agrega que garantizarles el tratamiento es complejo. Resulta que Indira y Corleidys forman parte del grupo de 102 pacientes crónicos actualmente atendidos con el método dialítico en el Agostinho Neto. También hay dos con cuadros agudos que requieren esa asistencia.

La doctora Vega explica que es un número alto para la cantidad de riñones artificiales que están utilizando. La sala cuenta con 16 máquinas 4008 S, fabricadas por Fresenius Medical Care AG, la mitad de ellas con dos años de uso y siete el resto. Tres están averiadas.

“Las pantallas digitales son las que permiten controlar y monitorear las constantes esenciales durante todo el proceso, comenzaron a tener dificultades desde principios de año y dejaron de funcionar definitivamente en julio”, señala la ingeniera Esperanza Maure Reynoso.

La jefa del Departamento de Electro-Medicina del hospital refiere que la situación es conocida en el Ministerio de Salud Pública y la empresa MediCuba SA gestiona la adquisición de los repuestos, pero no es cosa de cantar y coser.

El meollo del asunto no es el dinero en moneda libremente convertible para adquirirlos, aunque al país no le sobra, sino las trabas que impone a Cuba el bloqueo económico, financiero y comercial con el que el gobierno de Estados Unidos ha pretendido inútilmente vencer al pueblo cubano y su Revolución socialista.

El conglomerado de leyes que constituyen el asedio más largo y criminal de la historia prohíbe comerciar con la Isla digna e independiente a compañías de la nación norteña, sus subsidiarias o empresas de terceros países con participación norteamericana.

Según recientes denuncias del Gobierno cubano, desde abril de 2016 hasta marzo del año actual ascienden a unos 87 millones de dólares los daños económicos estimados a la Salud Pública por causa de esa política hostil y fracasada que el actual inquilino de la Casa Blanca está determinado a reforzar, como anunció en junio en Miami.

Fresenius Medical Care AG es una empresa cuya sede central está en la ciudad de Bad Homburg von der Höhe, Alemania, y es una de las líderes mundiales en la producción de suministros médicos, en especial para diálisis renales .

El problema para Cuba es que esa entidad se formó en 1996 a partir de la fusión de una de las divisiones corporativas de Fresenius con la empresa estadounidense National Medical Care.

Un riñón artificial de esa marca puede costar a un cliente corriente no menos de 15 mil USD, sin contar la planta de tratamiento de agua por ósmosis inversa, cuyo precio es más elevado. Nuestro país puede hacerse de ellos muchas veces pagando un valor mayor por el riesgo que los vendedores le atribuyen al comercio con la nación caribeña.

A eso se unen otros obstáculos. Recién el Departamento del Tesoro multó a una compañía estadounidense por proveer de cobertura de seguro a envíos de mercancías hacia y desde Cuba o bancos en terceros países se niegan a realizar transacciones financieras que tengan referencia directa o indirecta con la Isla, por temor a sanciones yanquis.

“Por el bloqueo en ocasiones no disponemos de las piezas necesarias para darle mantenimiento a los riñones artificiales en el período recomendado por el fabricante y es lo que ha dilatado la compra de las pantallas nuevas”, afirma la ingeniera Maure.

Eso revela porque, además, en la Sala de Hemodiálisis del hospital Agostinho Neto, son celosos con la eficacia del reúso en cuanto a cantidad y calidad de los dializadores, la parte fundamental del sistema de depuración extracorpórea donde se realiza la eliminación de las toxinas (potasio y urea) retenidas y generadas por la insuficiencia renal.

Para poder garantizar la atención a Indira, Corleidys y el resto de los pacientes, sin arriesgar en nada sus vidas, fue necesario adecuar el tiempo de duración del proceso a cada uno, tomando en cuenta su superficie corporal (tamaño), la tasa de flujo del dializado, el volumen residual y otros parámetros, según detalla la doctora Vega de la Torre.

“Con la falta de tres riñones artificiales, si mantuviéramos las sesiones típicas de tres horas y media por igual para cada persona, no sería posible dar el tratamiento oportuno a todos y, además, someteríamos a las máquinas a una sobre-explotación”, señala.

Así garantizan no solo una mejor calidad de la salud sino también la propia vida a personas frágiles por los trastornos renales que padecen y los hacen vulnerables a la hipertensión, anemia, malnutrición, neuropatía y enfermedades cardiovasculares, entre otros padecimientos.

En julio pasado la experta independiente sobre Derechos Humanos y Solidaridad Internacional de la ONU, Virginia Dandan, afirmó en La Habana que el bloqueo impide el pleno disfrute de los DDHH del pueblo de Cuba.

Pese al reiterado rechazo mundial, la absurda y fracasada política sigue. El #unpresidented Trump decidió dar un paso atrás respecto a Cuba y decidió mantenerlo. Indira y Corleidys engrosan el listado de sus víctimas.

 

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