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La luz del Moncada

Escrito por Elayne Valera Cobas el . Publicado en 26 de julio

La luz del MoncadaGuantánamo.- “Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre…Pero vive, no ha muerto…hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba…” Estas palabras forman parte del alegato esgrimido por Fidel Castro ante los tribunales de la dictadura de Fulgencio Batista que lo juzgaban por las ataques al Cuartel Moncada y que pasaría a la historia como “La historia me absolverá”.

Y es que para conocer sobre la historia de esa gesta que conmovió a Cuba y al mundo, hay que remitirse ineludiblemente al mes de junio de 1954, cuando salía a la luz el texto completo.

Parecía utópico en aquella época, cuando el gobernante de facto Batista y sus secuaces al servicio del imperialismo yanqui, sometían al pueblo al más terrible sufrimiento, referirse a mejoras sociales para la mayoría oprimida.

Sin embargo la visión de Fidel lo llevó a denunciar durante el juicio en el cual fue su propio defensor, los problemas que debían resolverse en un país de oprobios y desmanes: el problema de la tierra, el de la industrialización, el de la vivienda, el del desempleo, el de la educación, y el de la salud.

En la entonces provincia de Oriente, la mayoría de las vastísimas tierras pertenecían a la United Fruit Company y la West Indies, mientras más de 200 mil familias campesinas no tenían donde cultivar para sustentar a sus hambrientos hijos.

Las industrias eran escasas, sobre todo la azucarera y la cafetalera, también propiedades de timadores terratenientes; la mayoría de la población vivía en condiciones pobrísimas, cientos de desempleados recorrían kilómetros en busca de trabajo…

La educación apenas exhibía unas pocas escuelas públicas, casi ninguna en las montañas; escasísimos eran los hospitales. De ahí los altos índices de analfabetismo y de enfermedades prevenibles en el pueblo.

Al cabo de 62 años, la situación es totalmente distinta.

Hoy la tierra es de quienes la hacen producir, beneficiados por la Ley de Reforma Agraria, primero, y hoy favorecidos con Decretos Leyes como el 300, que otorga terrenos baldíos a aquellos que deseen hacerlos producir y aportar alimentos para el pueblo, así como elevar paulatinamente sus niveles nutricionales, con garantía de créditos y aseguradas sus cosechas.

Con la Revolución vinieron la Reforma Urbana y la Ley General de la Vivienda, y el pueblo dejó de pagar las altas rentas por vivir en edificios, casas o terrenos, propiedades de ricos explotadores.

En los años en que Fidel escribió La historia me absolverá era un sueño que el pueblo contara con educación y salud gratuitas en los sitios más apartados de esta geografía.

Pues hoy suman miles los Doctores, Masters profesores, maestros, empleados con salarios decorosos y acceso permanente a categorías científicas, los que laboran en cientos de centros educacionales diseminados en todo el territorio, entre ellos la Universidad de Guantánamo que se extiende con el proceso de universalización de la enseñanza a todos los municipios.

Cientos de médicos, profesores, entrenadores y otro personal de la salud y educación guantanameros, colaboran en más de una decena de países del mundo.

A pesar de las dificultades y obstáculos que aún afrontamos en el país, el programa de lucha de Fidel y sus compañeros héroes o mártires, que los compulsó al Moncada y a la Sierra Maestra hasta la liberación definitiva del pueblo, ha sido cumplido.

Los sueños de justicia social que alentaron a los participantes en la epopeya del 26 de Julio de 1953, año del centenario del natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, son una realidad insoslayable.

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