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En Guantánamo, calles de Oro

Escrito por Anna Liet Miranda Rosell el .

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Guantánamo.- La celebración por el 145 aniversario de la ciudad de Guantánamo fue un despertar de voluntades y compromisos. No por decirlo ya se evidencian los cambios, sino que reforma y belleza se compenetraron para mostrar toda una hipérbole de portentos.

A pesar de las transformaciones y esfuerzos se anhela más, pues el esfuerzo no es suficiente. Así lo refieren algunos guantanameros. “Guantánamo es la ciudad que más me gusta a mí, no Cienfuegos, como lo dijo el Beni. La diferencia es notable, pero si todo no fuera una utopía y el sueño se hiciera realidad” -comenta Maritza, una citadina.

“Me gustaría que la urbe estuviera preparada para el anciano, la embarazada y todo el que recorra las calles, que al pasear hubiese bancos para poder descansar, no solamente en Paseo (que no son tantos de igual forma), y ¡que me alcancen los pies! -dice de manera jocosa- pues algunos son altos y me cuelgan. No todos tenemos un gran tamaño. Ah!, y con sombra, pues los árboles que están, no componen nada”.

Ese es el criterio de algunos habitantes de esta villa, quienes no dejan de destacar y valorar los cambios ya evidentes, pero lo cierto es que no todo es perfecto. A muchos les cuesta mantener la belleza del entorno, o cuidar su pedacito, como decimos en buen cubano.

Es común ver a algunos arrimarse a una esquina y orinar sin miramientos, o simplemente tirar la basura en cualquier sitio menos en los contenedores (muy pocos, por cierto) y permitir que las mascotas hagan sus necesidades por donde transitan las personas, o lo que es peor, montar un timbiriche en plena acera.

Esos son los indolentes, los que nada les importa, ni siquiera el hecho de que Guantánamo, como cualquier ciudad, tiene establecidas reglas de orden urbanístico, que obviamente, van aparejadas al comportamiento social.

Tristemente no todos los responsables de velar por ello cumplen con eficacia su función, y tiran por la borda el esfuerzo de un grupo de hombres y mujeres empeñados en mantener la higiene en nuestro entorno. 

La ciudad no es un campamento, es un sitio donde vivimos todos. Hay algo que caracteriza a Guantánamo y es que la ciudad esta ruralizada. Los citadinos emigran a otras provincias o países y los campesinos se desplazan hacia la ciudad. No por  hacer distinción de personas, pero hay gente capacitada que en un jardín de la calle es capaz de cavar para asar un cerdo o quitarle la vida y “hacer la limpieza” que este merece.

Es agradable pasar por una calle  limpia,  las vidrieras bien adornadas, los carteles sin falta de ortografía, los árboles frondosos sirviendo de cobija ante los rayos del sol. Todo esto da bienestar, calidad de vida y los ciudadanos lo agradecen.

Es muy acogedor salir a pasear con la familia, los niños, amigos, con una jabita  en la mano, y que nadie atropelle a nadie, que un sonido estrepitoso no  pite en el oído para  “enloquecerte”, que las luces y el diseño confluyan de manera armoniosa.

Sin dudas, es una batalla transformar patrones conductuales. No es una tarea fácil pero compete tanto a  los pobladores como a las autoridades legislativas del territorio… Una ciudad limpia es muestra de la organización y conciencia alcanzada por una sociedad… Es una manera de respetar al vecino,  a nosotros mismos y puede además ser una lección de vida para el visitante…

 

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