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Cuba, Estado de Derecho

Escrito por Singh Castillo el . Publicado en Singh Castillo

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Cuba, Estado de DerechoGuantánamo.- Es un concepto generalizado que una sociedad está en Estado de Derecho no solo porque lo prevé la Constitución, sino porque además hay una división clara, efectiva, real, de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Ideal el concepto, originado en la teoría alemana del Rechtsstaat en el cual el poder del Estado está limitado a fin de proteger a la población de abusos de poder. Dicen unos que fue utilizado por primera vez por el jurista y político alemán Robert von Mohl, pero la mayoría de los autores lo ubican en la obra de Immanuel Kant, el filósofo prusiano de la Ilustración.

Muy manipulado además, de acuerdo a los intereses de quien lo enarbole, en especial cuando lo hacen los ricos del mundo (el 1%). Para ellos la norma es simple: hay Estado de Derecho cuando ese Estado garantiza su derecho a la propiedad privada y explotar el trabajo de hombres, mujeres y hasta niñas y niños (el  99% restante).

De ahí que quien se salga de esa regla, según su apreciación, no es una sociedad que está en Estado de Derecho, no es una democracia. En América Latina el caso clásico es Cuba, después de 1959, cuando llegó el Comandante (Fidel Castro) y paró el relajo que tenía Estados Unidos con la servil complacencia de la oligarquía criolla.

No importa que su ley de leyes esté presidida por un profundo anhelo de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. No importa que en su primer artículo declare a Cuba como “República unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.

El problema para los paladines de la democracia y las libertades (burguesas) es que diga que la Isla es “un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos”. Eso no cuadra en Miami, New Jersey o Madrid. Para esos personajes la Isla fue un “buen” ejemplo antes de la Revolución.

El Estado de Derecho en Cuba nació en 1901 con un cuarto poder (no fue la prensa): el gobierno de Estados Unidos. Mediante la Enmienda Platt se otorgó el derecho de intervención para la “conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los EE.UU. por el Tratado de Paris y que deben ser ahora asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba”.

Y se hizo “por el tiempo que necesitare” del territorio ocupado por la base naval en la bahía de Guantánamo, a pesar del rechazo explícito de La Habana, a partir de 1959, por ser fruto de un convenio adoptado bajo amenazas e intimidación.

En ese cacareado Estado de Derecho, durante casi 60 años las empresas y bancos yanquis gozaron el privilegio de hacer lo que les diera la gana. Con el derecho del más fuerte, la United Fruit Company, la Mamita Yunai, como la llamó el escritor costarricense Carlos Luis Fallas, y otras similares, desalojaron a miles de campesinos.

El resultado fue la dramática situación del campo cubano, según un censo realizado por una organización católica en 1957, publicado por la revista Carteles. Algunas cifras son elocuentes: el obrero agrícola no disponía, como promedio 25 centavos diarios para comer, vestir y calzar; el 60 % vivía en bohíos con techo de guano y de piso de tierra, sin servicio ni letrina sanitaria, ni agua corriente, o que el 44 % no pudo asistir jamás a una escuela.

La República tullida tenías partidos políticos y elecciones, pero jamás consideró admisible que las ganara el Partido Comunista. Tanto fue la lata anticomunista que el partido pasó a llamarse Partido Socialista Popular para “suavizarlo” y poder participar en la vida política del país, velados muy de cerca por la Embajada norteamericana y los servicios represivos criollos.

En cuanto un izquierdista asomaba la cabeza más de lo debido y atentaba contra los intereses yanquis y los de sus lacayos, ahí mismo se acababa el Estado de Derecho y comenzaba el del terrorismo. Así murieron Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras o Jesús Menéndez.

Incluso para Washington la dictadura de Batista fue un Estado de Derecho porque preservó la subordinación de Cuba a los Estados Unidos, ni siquiera amenazada por ningún partido político de entonces.

La derrota se la propinó Fidel Castro, un poco conocido abogado antes de liderar el asalto a los cuarteles Moncada y Céspedes, guardar prisión, ir al exilio a México, comandar la expedición del Granma, resistir la derrota en Alegría de Pío y hacer de la Sierra Maestra el bastión del victorioso Ejército Rebelde.

La República que se irguió definitivamente libre y soberana en enero de 1959, paulatinamente comenzó a construir un Estado de Derecho en el que sus protagonistas son los trabajadores, campesinos, intelectuales y el pueblo en general. Un estado en el que, por fin, las leyes y los poderes coincidieron con los intereses de la inmensa mayoría y dejaron de defender el privilegio de unos pocos.

En la Isla digna e independiente el pueblo genuino es partícipe de las principales decisiones legislativas y políticas. En muchas veces más que una ocasión, el país se ha convertido en un inmenso Parlamento en donde el ciudadano común opina, critica y sugiere para, al final, definir el rumbo de las cosas, aunque lo nieguen los paladines de la democracia y las libertades (burguesas) y sus quinta columnas de adentro.

Otro aspecto que subraya el respeto al Derecho no es solo por lo contemplado en la Constitución cubana en cuanto a ciudadanía, libertad de expresión y credo, de protección a la niñez y las personas de la tercera edad, sino también que Cuba es Estado Parte en 15 de los 26 tratados internacionales en materia de derechos humanos, más que Estados Unidos.

Son múltiples las políticas y programas del Estado dirigidas especialmente a la protección y promoción de dichos derechos para los cubanos. Sin embargo, Cuba no asume nuevas obligaciones internacionales en un marco de confrontación y manipulación con fines políticos de la cooperación internacional de derechos humanos.

Y una singularidad es que todo lo que hace el país en materia de Estado de Derecho sucede bajo el asedio del gobierno de Estados Unidos, como no le ocurre a la inmensa mayoría de las naciones del mundo.

Sí, pese a eso, Cuba es un Estado de Derecho.

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