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¿Quién detuvo los vuelos?

el . Publicado en Singh Castillo

Llegada del primer vuelo comercial Estados Unidos-Cuba a Santa ClaraGuantánamo.- “Muchas gracias por estar en este vuelo histórico”, dijo el capitán del Airbus A-320, el cubanoamericano Mark Luaces, poco antes de la partida a los 150 pasajeros a bordo, entre ellos el secretario norteamericano de Transporte, Anthony Foxx.

El vuelo 387 de JetBlue despegó del aeropuerto internacional Fort Lauderdale-Hollywood, Florida, poco después de las 10 de la mañana y en alrededor de una hora aterrizó en el Abel Santamaría Cuadrado, de Santa Clara, en el centro de Cuba.

Así el miércoles 31 de agosto de 2016 quedaron restablecidos los vuelos regulares comerciales entre EE.UU. y Cuba, después de más de medio siglo de suspensión, uno de los logros más tangibles del proceso de normalización de las relaciones entre ambos países, iniciado con las declaraciones de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, el 17 de diciembre de 2014.

Menos de 24 horas después de JetBlue, la compañía Silver Airways se sumó a los vuelos regulares hacia Cuba, también en la ruta Miami-Santa Clara.

Son el fruto del Memorándum de Entendimiento sobre aviación civil firmado en enero que dispuso realizar hasta 20 vuelos diarios entre varias ciudades norteamericanas y La Habana, además de hasta 10 hacia y desde cada una de otras 9 terminales internacionales cubanas.

Coincidiendo con el histórico momento, en un comunicado fechado en La Habana, el Departamento estadounidense de Transporte adjudicó la ruta aérea entre 10 ciudades de ese país y la capital cubana a ocho aerolíneas que comenzarán a volar a partir de este otoño.

Ahora, ¿quién suspendió las rutas aéreas regulares comerciales entre EE.UU. y Cuba?

Fue la Casa Blanca. A fines de 1962, el presidente Kennedy ordenó la suspensión de los vuelos directos a la Isla como parte de las medidas con las que dio continuidad a lo iniciado por Eisenhower para derrotar a Fidel Castro, que confiscó propiedades norteamericanas y fortaleció las relaciones con Moscú, el adversario principal de los Estados Unidos.

Una breve mirada a la cronología de los hechos ocurridos entre enero de 1959 hasta el momento de la suspensión, permitirá apreciar que los gobernantes norteamericanos desde bien temprano apostaron por el derrocamiento de la Revolución.

En el contexto de la Ley de Reforma Agraria decretada en mayo de 1959, en junio EE.UU. amenazó con reducir la cuota azucarera cubana en el mercado norteño, prohibir la inversión norteamericana privada y eliminar todo tipo de ayuda económica, si eran nacionalizadas propiedades norteamericanas sin una rápida compensación.

La consecuente radicalización del proceso revolucionario llevó en 1960 a Washington a suspender la referida cuota, decretar la eliminación de las licencias generales para la exportación a Cuba y detener las operaciones de la planta de concentración de níquel en Nicaro, que era de propiedad norteamericana, entre otras acciones.

Ya para el 16 de enero de ese año, se establece en EE.UU. un permiso de viaje a Cuba. El 30 de septiembre, el Departamento de Estado pidió a los ciudadanos estadounidenses de “abstenerse a viajar a Cuba a no ser que hayan razones apremiantes para ello”.

Los dos años siguientes fueron de particular aspereza El protagonismo se lo llevó Washington al romper sus relaciones diplomáticas, realizar la invasión mercenaria derrotada en Playa Girón, establecer el bloqueo y crear Mangosta, el programa de guerra encubierta, incluida la posible invasión militar yanqui, que condujo, como contramedida, a la instalación de cohetes nucleares soviéticos, la razón de la Crisis de Octubre de 1962.

Simultáneamente el gobierno norteamericano politizó el tema migratorio, con la aplicación indiscriminada de la categoría de “refugiado político” a la mayoría de los inmigrantes cubanos y promoviendo el éxodo masivo, incluso de forma irregular, desordenada e insegura.

Eso explica cómo Cuba fue una de las primeras naciones víctimas de actos de piratería aérea y secuestro de aeronaves, ejecutados por personas que querían llegar a los Estados Unidos, en donde eran recibidos como “refugiados políticos”.

La ola de hechos criminales comenzó el 16 de abril de 1959, cuando ex militares de la dictadura batistiana secuestraron y desviaron hacia Miami a un avión C-46, de Aerovías Q, que cubría la ruta La Habana y la entonces Isla de Pinos. Los registros históricos contabilizan unos 60 secuestros de aviones o intentos a partir de aquellos años.

Incluso hubo asesinatos. El 27 de marzo de 1966 un empleado de Cubana de Aviación intentó apoderarse de un IL-18 que volaba de Santiago de Cuba a La Habana, con 97 viajeros. El piloto Fernando Álvarez Pérez se opuso y aterrizó el avión en La Habana. El criminal lo mató junto al escolta Edor Reyes. El secuestrador fue capturado, condenado y ejecutado.

Esos aspectos no se pueden olvidar en medio del optimismo que levanta el reinicio de los vuelos regulares comerciales entre Estados Unidos y Cuba.

También queda mucho camino por recorrer. El propio miércoles 31 de agosto, en La Habana, el canciller cubano Bruno Rodríguez le dijo al secretario estadounidense de Transporte, Anthony Foxx que constituye un paso positivo en la mejoría de las relaciones bilaterales, pero que sus efectos serán limitados mientras persistan la prohibición de viajes con fines turísticos de los norteamericanos y el criminal bloqueo económico, financiero y comercial.

 

 

 

 

 

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