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El día en que asesinaron la inocencia

Escrito por Raisa Martín Lobo el . Publicado en Raisa Martín

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Guantánamo.- A las 4:20 p.m. del 27 de noviembre de 1871,  Cuba se estremeció con los disparos en la planicie ubicada frente al Castillo de los Tres Reyes del Morro. Allí, ocho estudiantes de Medicina de la Universidad de la Habana, fueron ejecutados. Su único pecado? Amar a la patria.

Días antes, la tarde del viernes 24, los estudiantes esperaban la llegada del doctor Pablo Valencia y García, quien a las 3:00 p. m debía impartir una clase de Anatomía.  Algunos se incorporaron a las prácticas, otros, en cambio, entraron en el cementerio que estaba cerca y recorrieron sus patios.

El vigilante del camposanto, Vicente Cobas, molesto porque el grupo de jóvenes “había descompuesto sus siembras”, formuló una falsa denuncia al gobernador político Dionisio López Roberts. Alegó que los estudiantes habían rayado el cristal que cubría el nicho donde descansaban los restos del periodista español  Gonzalo Castañón.

Sin embargo, varios testigos aseguraron que: “La bóveda no mostraba la más ligera huella de profanación, y una raya hecha mucho antes en el cristal que cubre las ofrendas florales fue todo lo que pudo ser atribuido a una mano irrespetuosa, si no hubiera estado cubierta por el moho el día de los hechos”.  

Ante la denuncia,  los estudiantes, siguieron jugando a entrada del camposanto. Cuatro de ellos tomaron  la carretilla que lleva los cadáveres a la sala de investigación, y otro arrancó una flor del jardín. Este fue el motivo por el que les costó la vida a Eladio González, Carlos de la Torre, José de Marcos Medina, Pascual Rodríguez, Anacleto Bermúdez, Alonso Álvarez de la Campa, Ángel Laborde y Carlos Verdugo.

No hubo oídos para la piedad solicitada por los familiares y amigos de los ocho jóvenes. El odio y la prepotencia de los entonces gobernantes españoles de la Isla, pudieron más que la razón lógica. Ese día asesinaron la inocencia de los ocho estudiantes de Medicina que se convirtieron en símbolo de dignidad y  firmeza de espíritu, características propias de  la juventud cubana.

De espaldas al pelotón, de rodillas y con las manos atadas frente a los muros de los barracones del Real Cuerpo de Ingenieros y en horas de la tarde,  sonaron los fusiles contra los jóvenes.  Aquel  27 de noviembre de 1871,  los ocho estudiantes de Medicina se multiplicaron para convertirse en miles.

 

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