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Camilo se robó su propio nombre para dárselo a la Revolución

Escrito por Raisa Martín Lobo el . Publicado en Raisa Martín

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Guantánamo.-  No importa hayan pasado más de cincuenta años, los hombres como él, marcan un hito en la historia y permanecen eternamente en la obra de su pueblo. Y es que Camilo Cienfuegos Gorriarán, el hombre de la amplia sonrisa y el sombrero alón, está junto a nosotros, en la primera línea de combate.

Sastre de oficio, el Héroe de Yaguajay, tenía un temperamento jovial y calidad humana, por eso fue muy querido entre sus compañeros y la tropa. Poseía además, un poder seductor que ganaba amigos desde el primer encuentro, por ejemplo, la del experimentado y serio argentino Ernesto Guevara de la Serna.

Camilo estuvo entre los 82 expedicionarios del yate Granma, que el 2 de diciembre de 1956 desembarcó en las costas del oriente del país para iniciar una insurrección armada y poner fin al régimen de Fulgencio Batista. Esta acción, además del arranque y las hazañas consumadas en las filas del Ejército Rebelde, le confirieron el reconocimiento y cariño de sus compañeros de armas.

Sobre él, dijo el Che: " Camilo fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa... Camilo era Camilo, el señor de la vanguardia, guerrillero completo que se imponía por esa guerra con colorido que sabía hacer."                       

Después del triunfo de la Revolución, el héroe de Yaguajay, alcanzó una intensidad sorprendente. Cuando el desleal Hubert Matos atentó contra la Revolución y hubo que frenarlo, viajó a Camagüey y totalmente desarmado, lo detuvo. Regresó a La Habana el 25 de octubre, y al otro día, habló al pueblo para repudiar las acciones de los imperialistas y en apoyo a la Revolución.

El día 27 se dirigió hacia Camagüey para retornar a la capital la tarde del 28. Sin embargo, jamás llegó a su destino, el avión donde viajaba el joven de solo 27 años, desapareció en el mar. Ese día, cuando la Revolución iniciaba la decisiva etapa de su batalla contra el imperialismo yanki y la contrarrevolución interna, perdimos al dueño de aquella sonrisa amplia y del sombrero alón, símbolos que evocan su imagen por siempre.

Camilo fue, del mismo modo, uno de los más magnánimos dirigentes de la Revolución. “Hombres como Camilo Cienfuegos, dijo Fidel Castro, surgieron del pueblo y vivieron para el pueblo. Nuestra única compensación ante la pérdida de un compañero tan allegado a nosotros es saber que el pueblo de Cuba produce hombres como él. Camilo vive y vivirá en el pueblo”... " No tenía la cultura de los libros, pero sí la inteligencia natural del pueblo".

Ernesto Guevara, su amigo incondicional resaltó que: Lo que a nosotros —los que recordamos a Camilo como una cosa, como un ser vivo— siempre nos atrajo más su manera de ser, su carácter, su alegría, su franqueza, su disposición de todos los momentos a ofrecer su vida, a pasar los peligros más grandes con una naturalidad total, con una sencillez completa, sin el más mínimo alarde de valor, de sabiduría, siempre siendo el compañero de todos, a pesar de que ya al terminar la guerra, era, indiscutiblemente, el más brillante de todos los guerrilleros”.

Esta es la razón por la que hoy inmortalizamos a Camilo Cienfuegos Gorriarán como al modelo de combatiente. Recordamos del héroe que buscó el horizonte en el ánima del fusil y el beso en los ojos de las mujeres, como el que va a morir temprano. Recordamos por siempre, a quien se robó su propio nombre para dárselo a la Revolución.

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