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Sacrificio hasta en la ingratitud

Escrito por Isaac García Cárdenas el . Publicado en Isaac García

180 años del natalicio de Máximo GómezA 180 años del natalicio de Máximo Gómez

Guantánamo.- Muchos sabemos dónde nacemos, pero no donde tendremos sepultura, es frase que me alcanza puesto que emigré desde mi provincia natal a esta, de la cual me considero hijo adoptivo y quizás sea mi última morada.

Las notas autobiográficas del Generalísimo Máximo Gómez Báez, en 1894,  registran –“No puedo precisar la fecha en que nací, pues por más que busqué personalmente la partida de bautismo en los libros de Parroquia, no pude dar con ella”-. Pudo averiguar que vio la luz hacia el año 1836.

La fecha del 18 de noviembre y el onomástico de Gómez se basa en el día en que él, siempre festejo su nacimiento, por lo que aparece recogido que ese día de 1836 al oeste de Santo Domingo, República Dominicana, nace en Baní, quien fuera uno de los militares más exitosos del siglo XIX.

Contaba apenas 19 años de edad, en 1855, cuando se incorporó a las milicias dominicanas para defender a la joven república de los ataques de las huestes haitianas y ese mismo año combatió en los campos de Santomé.

Gómez cambió todas las experiencias del apacible hogar, por la ruda vida en campaña. Cuando retornó al poder el general Pedro Santana, un rico ganadero que venció a los seguidores del líder sureño Buenaventura Báez, luego  producirse la anexión del país a España, en 1861, y después el consecuente estallido de la Revolución Restauradora, en 1863, quedaba escrito el destino de Gómez en su tierra natal: se alistó en las Reservas Dominicanas como Secretario de la Tenencia de Gobierno de Baní.

El triunfo revolucionario lo obligó a salir con su madre Doña Clemencia Báez y sus dos hermanas hacia suelo cubano. Solo cuatro años mediaron desde su llegada en julio de 1865 a Santiago de Cuba, hasta su incorporación a la guerra de independencia de este país, en octubre de 1868.

Fue una etapa decisiva en la formación de su personalidad y destino político. La realidad colonial esclavista cubana hizo que revalorizara su conducta en tierras dominicanas. Desde entonces el nombre del Generalísimo  quedó inscripto en las luchas del pueblo cubano por su independencia en la segunda mitad del siglo XIX.

Por nombramiento de Carlos Manuel de Céspedes es ascendido a Mayor General y ocupó desde el inicio importantes cargos en las filas del Ejército Libertador durante la Guerra de los Diez Años.

Fue protagonista de la histórica carga al machete de Tienda del Pino, en noviembre de 1868, luego de campañas impresionantes y decisivas en el destino de la revolución, como la de Guantánamo (1871-1872) y Camagüey (1873-1875), esta última previa invasión a Las Villas...

En todas las operaciones militares relumbró el estadista, el hombre de pensamiento que transfirió a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores páginas de incuestionable valor sobre el arte militar, y en particular en materia de guerra irregular.

El fin de la Guerra de los Diez Años, tras la firma del Pacto del Zanjón, en 1878, no hizo que el mambí dominicano-cubano abandonara sus ideas independentistas. Su prestigio y ascendencia entre los oficiales que formó o tuvo bajo su mando y  su rectitud de principios e indiscutibles dotes de estratega, lo convirtieron, en el jefe militar imprescindible para dirigir el próximo movimiento revolucionario.

En los primeros años de la década del 80 del siglo XIX recibió llamados de clubes revolucionarios en la emigración y la solicitud del general Antonio Maceo para que encabezara la nueva gesta. Así  Gómez se dio a la tarea de organizar la preparación de la revolución y elaboró, en San Pedro Sula, Honduras, el Plan Gómez-Maceo (1884-1886).

No pensó en las dificultades económicas que atravesaba su familia, ni en el hogar víctima de la miseria, enfermedades y hasta de la muerte en los inclementes años de 1880, los cuales  compartiera con su esposa, Bernarda Toro, Manana.

Ese sufrimiento le afianzó la convicción que jamás tomaría parte en políticas de partidos, sino en “revoluciones de principios e ideas”, base ética de un pensamiento profundamente humanista que supo depurar el joven José Martí cuando fuera a República Dominicana, en 1892, a proponerle sin más remuneración que el sacrificio y la ingratitud probable de los hombres, el cargo de General en Jefe del Ejército Libertador. - “Y allá en Santo Domingo, donde está Gómez está lo sano del país”-, apuntó el más universal de los cubanos.

Desde entonces Gómez, el General en Jefe, cargo que le fuera ratificado en la Asamblea de Jimaguayú, agregó a su historia militar numerosas acciones combativas durante la invasión a Occidente (22 de octubre de 1895-22 de enero de 1896) hasta su culminación.

Al caer en combate el Lugarteniente General, Antonio Maceo Grajales, el Generalísimo protagonizó en Las Villas la campaña de La Reforma (1897-1898), síntesis de un pensamiento militar maduro y hecho de gran trascendencia política en los destinos de la revolución.

Con la intervención de Estados Unidos en el conflicto hispano-cubano, en 1898, y la posterior ocupación militar de Cuba (1899-1902), se reorientó su quehacer político.

Las proclamas y consejos de Gómez al pueblo cubano señalaron la importancia de la unidad entre los que procedían de las filas de la revolución ya que no se había logrado la total independencia de Cuba y las discordias y resquicios políticos, de los que él fuera víctima, podían conducir a la anexión y desmoronamiento del país.

En carta a Tomás Estrada Palma, el 28 de octubre de 1898, dos meses antes de firmada la paz de París, declaraba: - “No hemos luchado, no solo para nosotros y para Cuba, sino para la civilización, para el mundo todo, y acaso nuestros esfuerzos aprovechen más que a nadie a los americanos”.

Tenaz en política, nunca albergó interés personal alguno en su espinosa lucha por la independencia de Cuba. La vida le dio la posibilidad de demostrarlo. El rechazo a la presidencia de la república, fue una de las tantas pruebas de la altura moral del jefe revolucionario.

El 17 de junio de 1905, víctima de una prolongada enfermedad infecciosa, y en una  trama de cuantiosos ardores entre facciones políticas que se disputaban el poder, lo sorprendió la muerte.

Ya no existía más el veterano guerrero, aquel que supo manejar el sable con la misma visión y convicción que la pluma, dejando para el porvenir obras literarias de indudable valor estético y ético.

Partía hacia la posteridad quien al decir de Martí, fuera dominicano de nacimiento, pero cubano de corazón, aunque Gómez prefirió referirse a sus dos patrias: - “…dominicano de nacimiento, pero dominicano y cubano de corazón”- Cuba fue su última morada.  A 180 años de su natalicio nos llega su impronta.

(Fuentes consultadas Ecured, Enciclopedia biográfica en línea, Granma y Bohemia)

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